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Entrevistas Advaita - Eckhart Tolle (1998)

La Dimensión de la Consciencia

Entrevista a Eckhart Tolle para Inner Directions Journal
Esta entrevista fue grabada en 1998, justo después de que se publicara la primera edición del libro El Poder del Ahora.
Eckhart Tolle

IDJ: En el primer capítulo de El Poder del Ahora, usted escribe que vivía en un estado casi continuo de ansiedad y con depresiones suicidas ocasionales. Una mañana se despertó con el pensamiento "yo no puedo vivir conmigo mismo". En ese momento se dio cuenta de una diferencia entre el "yo" y el "mi mismo" con el que no podía vivir. ¿Qué sucedió como resultado de esta toma de consciencia y cuál es la naturaleza del "yo" que vio como diferente del "mi mismo"?

Eckhart Tolle: Realmente me desperté en medio de la noche con un intenso miedo y pavor. Un pensamiento se repetía en mi mente: "Yo ya no puedo vivir conmigo mismo". De repente, me di cuenta de lo extraño de ese pensamiento: "Si yo no puedo vivir conmigo mismo, debe haber dos yoes — el yo y el mi mismo con el que no puedo vivir". Era casi como si un koan zen hubiera surgido espontáneamente en mi mente: ¿Quién es el mi mismo con el que yo no puedo vivir? Hubo un silencio de asombro, y todo pensamiento cesó. Me sentí atraído hacia un vórtice de energía, y a continuación caí en lo que parecía ser un vacío.

A la mañana siguiente me desperté como si acabara de nacer a este mundo. Mirando alrededor de la habitación, me sentía realmente como si nunca la hubiera visto antes. Todo era fresco y prístino e intensamente vivo. Una quietud vibrante y una paz profunda llenaban todo mi ser. Mientras caminaba por la ciudad ese día, el mundo parecía como si acabara de venir a la existencia, carente por completo del pasado. Yo ya no etiquetaba ni interpretaba mis sentidos de percepción — una ausencia casi total de comentario mental.

Hasta el día de hoy, percibo e interactúo con el mundo de esta manera: a través de la quietud, no a través del ruido mental. La paz también nunca me ha dejado, a pesar de que tiene diferentes grados de intensidad.

En el momento que sucedió la transformación, yo no tenía ningún marco conceptual que me ayudara a entender o explicar a los demás lo que había sucedido. Más tarde, me di cuenta de que el intenso sufrimiento que sentí aquella noche debió haber forzado a mi consciencia a retirarse de su identificación con el mi mimo infeliz, el sufriente "yo", que es en última instancia, una ficción de la mente condicionada. Esta retirada debió haber sido tan total que el sufriente mi mismo se desplomó como si se le hubiera quitado el tapón a un juguete hinchable. Lo que quedó fue mi verdadera naturaleza como el siempre presente Yo Soy, la consciencia incondicionada antes de la identificación con la forma. Puedes llamarlo Conciencia pura o Ser puro; las palabras no importan.

IDJ: Usted menciona que el mayor obstáculo para experimentar la realidad es la identificación con la mente. Este es el problema universal. ¿Qué sugiere como medio más directo para romper esta identificación y terminar con el ciclo incesante de pensamientos?

ET: La compulsión de pensar y la auto-identificación con el ruido mental incesante como "yo" te impiden encontrar el reino de quietud interior que es inseparable de nuestra verdadera naturaleza. Ramana Maharshi lo expresó muy sucintamente: "El grado de ausencia de pensamientos es la medida de su progreso hacia la auto-realización".

Cuando te das cuenta de la naturaleza repetitiva de la mayor parte de tu pensamiento y empiezas así a observar tu propia mente, ya no estás totalmente identificado con ella. Cuando la dimensión del observador o presencia testimonial emerge en ti, tu sentido del yo pasa de estar atrapado en la mente a ser la "inmóvil presencia que observa" más allá de la mente, por así decirlo. Mientras esta consciencia incondicionada emerge más plenamente, eres capaz de crear intervalos en el flujo mental, momentos de profunda quietud cuando todo pensamiento ha cesado y sin embargo tú etás plenamente consciente y muy alerta. Esa es la dimensión de la consciencia de la que surge toda creatividad. Yo la llamo presencia. El estado de identificación mental es onírico y profundamente inconsciente, en comparación con el estado de presencia.

Se crea una brecha en el flujo mental cada vez que tu atención se mueve totalmente al momento presente. El pensamiento necesita del tiempo —pasado y futuro— para funcionar, y cesa en el estado de intensa conciencia del momento presente. Frente a un gran peligro, a veces esto sucede de forma espontánea. La mente se detiene y algo infinitamente más poderoso se hace cargo.

Hay muchas maneras de llevar tu atención al Ahora. Por ejemplo, puedes llegar a estar muy consciente de tus percepciones sensoriales, tan alerta que todo comentario mental cesa. O puedes elegir cualquier actividad de la rutina, como vestirte o lavarte las manos —una actividad que normalmente sólo sería un medio para un fin— y darle tu máxima atención, por lo que se convierte en un fin en sí misma. Descubrirás que estás muy alerta y consciente, pero no pensando.

La forma más directa de romper la identificación con la mente es habitar en el cuerpo. Con esto me refiero a sentir el cuerpo desde dentro, tener siempre algo de su atención en el campo energético interno del cuerpo. Estar en el cuerpo desvía la atención del pensar y te ancla en el Ahora. Cada célula del cuerpo entonces participa en el estado de presencia. También pasa a ser el medio más poderoso de auto-curación y de prevención de enfermedades.

IDJ: Usted dice que la gente tiende a esperar un acontecimiento en el tiempo para conseguir la libertad y la felicidad que buscan, que "usted lo 'consiguió' dándose cuenta de que ya esta ahí". ¿Cuál es la naturaleza de esta realización y la manera de despertar a ella?

ET: Quién tú eres, tu realidad esencial, es inseparable del Ahora. Esto no puede ser comprendido intelectualmente, pero se puede realizar experiencialmente, con cada fibra de su ser. ¿Cómo? Estando presente. En el estado de plena presencia, hay una intensa sensación de alegría y vitalidad y de profundidad y paz infinitas.

Ves lo absurdo de buscar tu identidad en el pasado y su realización en el futuro. La existencia fenoménica —el mundo— puede disfrutarse por lo que es: leela, el juego de la forma. No promete nada, ni tampoco representa una amenaza. Esta es la liberación del deseo y del miedo.

IDJ: La búsqueda del ego del placer representa una continua búsqueda de la felicidad y la realización fuera de nuestro verdadero Ser. ¿Se necesitan hacer restricciones en el cumplimiento del deseo, antes de estar en un estado de no-identificación con la mente?

ET: La no-identificación con la mente implica que ha entrado una dimensión de la consciencia que está más allá de la mente: la presencia testimonial. Cuando ya no hay una completa identificación con la mente egoica y su búsqueda, aferramiento y apego, la mente pierde su ímpetu abrumador. Los deseos pueden todavía estar ahí por un tiempo, pero ya no eres poseído por ellos. Siempre que no está la presencia testimonial, sólo está la mente condicionada pretendiendo ser una "persona". Este es el estado inconsciente. En ese estado, nada se puede hacer para refrenar los deseos. A lo sumo, un deseo más fuerte puede alejar a uno más débil, por ejemplo, cuando el deseo de disfrutar de la comida es superado por el deseo más poderoso de mantenerte físicamente más atractiva y así atraer a tu pareja.

IDJ: Usted dice que el abandono del tiempo psicológico es una de las mayores ayudas para vivir en el presente, el "Ahora" ¿Quiere decir que debemos dejar de identificarnos con los pensamientos del pasado o del futuro? Si es así, entonces los problemas no tendrían capacidad para afectarnos.

ET: El sentido de identidad de muchas personas está casi totalmente definido por sus problemas. Sólo cuando hay una búsqueda de uno mismo en el pasado y el futuro y una resistencia interna a lo que es surgen los problemas. Cada problema necesita un tiempo para sobrevivir. Cuando tu atención está totalmente en el Ahora, los problemas se disuelven al instante. Todo lo que queda es la talidad (la realidad última) de este momento — lo que el Buda llamó tathata. Aceptas lo que es. Si una situación requiere una acción, actúas. Si no hay nada que puedas hacer, lo dejas estar. El falso yo, creado por la mente, vive en la resistencia a lo que es. Cuanto mayor sea la resistencia, más fuerte es el sentido del yo. La vida entonces se vuelve muy problemática. ¿Qué problemas tienes en este momento? Si estás ausente —es decir, si vives a través de la memoria y la anticipación— tienes muchos. Si estás presente, no tienes ninguno.

IDJ: En respuesta a una pregunta, usted dijo: "La consciencia toma el disfraz de las formas hasta que éstas alcanzan tal complejidad que se pierde completamente en ellas". ¿Es sólo la naturaleza de la "apariencia" universal la que nos hace ver la forma como real? No puede ser completamente ilusoria, ya que en esencia está basada en la Consciencia.

ET: La forma es real de la misma manera que un nudo en una cuerda es real. La existencia del nudo parece fuera de toda duda. Y sin embargo, es irreal — porque cuando deshaces el nudo descubres que nunca hubo nada más que la cuerda.

Por lo tanto, cada "persona" puede ser vista como un nudo en el tejido de la consciencia. La iluminación es la desaparición del nudo. Entonces te das cuenta de que eres la consciencia misma y siempre lo fuiste, incluso aún cuando estabas identificado con la forma. El leela es como el juego del escondite que la consciencia juega con ella misma.

IDJ: ¿Cuál es su experiencia de vivir la vida libre de impresiones del pasado y del futuro, totalmente en el Ahora?

ET: El pensamiento compulsivo se termina, lo que significa que no tengo que pensar a menos que haya algo en que pensar — y la mayoría de las veces no lo hay. Eso no me haría conseguir trabajo si lo pongo en mi currículum, pero significa que la vida fluye con facilidad, libre de conflictos y de resistencia interior. Hacer frente a la vida, al mundo, a través de la quietud en lugar del ruido mental es el mejor regalo que puedes ofrecer al universo. Yo lo llamo quietud, pero es una joya con múltiples facetas: esa quietud es también alegría, y es amor.