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Artículos Advaita - Gangaji (2012)

El tesoro sin límites de lo que eres

por Gangaji
Gangaji

Puedo recordar cuando era una niña pequeña un reconocimiento de "yo soy", y un sentimiento a la vez de enorme asombro y miedo. Antes de ese momento mi atención (en mi memoria, por lo menos) estaba enfocada exclusivamente en la supervivencia: madre, pecho, comida. En ese instante, la atención estaba abierta a la consciencia, expandiéndose más allá de mis límites conocidos.

Cuando empecé a crecer, traté de definirme a mí misma ―esta presencia del "yo"― mediante una interminable recopilación de información. Reuní muchas definiciones de quien yo era de la familia, de los maestros y estudios en la escuela, de mis creencias religiosas, de todas mis interacciones sociales (cada "otro"), del condicionamiento cultural y social que me rodeaba, y mucho después de varias alternativas políticas y movimientos sociales y espirituales. En este proceso natural de la conciencia mental que habita en un cuerpo, descubrí un mandala sinfónico de explicaciones a veces competentes y a veces complementarias. El sonido y la luz de este mandala era en sí mismo impresionante y, a menudo evocaba sentimientos de asombro. Y sin embargo, de alguna manera nunca encontré una definición de "yo soy" que pudiera reflejar y mantener plenamente ese asombro inicial e inocente.

Cuando conocí a mi maestro H.W.L. Poonja (Papaji) me pidió que dijera por primera vez la verdad sobre lo que va y viene, y en segundo lugar descubriera lo que no va ni viene. Me detuve en seco; en ese instante la búsqueda exterior de una definición de mí misma fue revelada como la magia que "crea" un espejismo. Cuando se me dijo la verdad sobre la naturaleza de todo (apariencia, existencia, desaparición), pude dejar de buscar la permanencia donde no la había. Pude dejar de buscarme a mí misma en cualquier parte. En ese retorno de mi búsqueda a su origen, rebosaba felicidad y auto-reconocimiento.

Con sorpresa, descubrí que la verdad esencial y pura de ese asombro inicial ―la naturaleza del reconocimiento de uno mismo como el ser― todavía estaba presente. Descubrí que, si bien todas las definiciones aparecieron en la presencia ilimitada de la consciencia, y cada explicación reflejaba algún aspecto de eso, nada podía contenerla. Ciertas definiciones o explicaciones no examinadas tenían la capacidad de nublar mi consciencia o intentar definirla, pero la consciencia permanecía en sí misma, libre de todo. En la disposición de dejar de definir, el milagro de la vida era reciente e inconteniblemente revelado.

Cuando Papaji me dio la tarea de averiguar lo que viene y se va, vi que las experiencias buenas y malas vienen y se van. Mi experiencia de mi cuerpo viene cuando me despierto por la mañana, y se va cuando me duermo por la noche. Las evaluaciones de mi bondad o maldad, mi inteligencia o mi estupidez vienen y se van. De hecho, todos los pensamientos vienen y se van. Todas las emociones vienen y se van. Todos los acontecimientos vienen y se van. Mis diversas identidades de mí misma (todos mis convenios de definiciones de mí misma), vienen y se van. Mi definición o explicación de cualquier cosa viene y se va.

Pero lo que no viene ni se va es la vida. Sea o no consciente de ello, la vida está aquí. Incluso si tengo un pensamiento de negar la vida, la vida está aún aquí. Cuando esta forma particular ya no tenga vida en ella, la vida permanece. Estaba aquí antes de que esta forma fuera creada. La vida misma no necesita esta particular forma de vida individual para su seidad y presencia.

Cuando pongo mi atención de la manera más profunda e íntima en el descubrimiento de lo que señala este pronombre universal "yo", descubro la vida ― la vida de una manera que se niega a ser limitada por ninguna definición, y sin embargo, es inseparable de cualquier definición; la vida que es no fragmentada, independientemente de las diversas experiencias de fragmentación; la vida que es imperturbable por una fórmula que la define como limitada a una molécula de carbono. La vida que no está contenida ni incluso en el más grande de sus nombres, incluyendo Dios, Ser, no-ser, verdad, vacío, o incluso la palabra vida.

¡Qué emocionante es este momento en la historia cuando los descubrimientos científicos se alinean con los más antiguos de la sabiduría espiritual! Qué liberador oír hablar de las pruebas científicas de que el tiempo y el espacio ―nuestros pilares fundamentales para las definiciones― no existen realmente como los hemos concebido. La vida está continuamente derrumbando nuestras construcciones mentales y mostrándose a la vez más antigua, más vasta y más aquí de lo que se pueda imaginar. El periódico diario revela que el universo es más grande de lo que se pueda imaginar y más viejo que todas las estimaciones anteriores. (En la sección de ciencia del San Francisco Chronicle, 12 de enero de 2012: "La Vía Láctea está inundada por miles de millones de planetas, y los astrónomos están encontrando cada día más.")

Qué emocionante es escuchar que los descubrimientos científicos demuestran lo que descubrimos directamente abriendo nuestras mentes a la presencia indefinible pero innegable de la vida misma. Cuando nos reconocemos a nosotros mismos, cuando nos volvemos cada vez más conscientes de nosotros mismos, descubrimos que no hay separación entre la vida y el milagro de la vida. Al tratar de encontrar el "yo", realizamos directamente quién somos como lo inconmensurable y libre de localidad. Inconmensurable pero innegable.

Los parámetros de lo que somos se derrumban cuando los examinamos, sin embargo, la innegable percepción del ser permanece. Cuando estamos sin el estorbo de nuestro poder de nombrar y medir, nos damos cuenta de lo innombrable. Nos conocemos directamente a nosotros mismos y nos damos cuenta directamente de que "yo es". ¡Vidas asombrosas! Lo que somos es vida.

Lo que ha aparecido en la vida como una forma particular que utiliza el pronombre yo, con las experiencias particulares de cuerpo y mente, sólo está presente debido a la vida. Cuando la atención de una forma particular descubre la vida se descubre a sí misma. Más cercana que un nombre, más cercana que un género, más grande que cualquier estado de ánimo, más grande que cualquier experiencia particular o explicación de esa experiencia, ya sea que esa explicación sea científica o espiritual. La vida consciente se descubre a sí misma como el ser.

El resultado de este descubrimiento es también el descubrimiento de lo que en sánscrito se llama ananda. Podríamos llamar ananda amor gozoso. El amor gozoso se desborda naturalmente en el reconocimiento de uno mismo como vida siempre presente. El milagro es puro en el amor consigo mismo como vida, como seidad consciente de Sí misma.

Si has prestado atención a este misterio de ti mismo, este misterio de la vida misma, sabes que ese milagro está aquí. Yo saludo este milagro, me inclino ante él, y te animo a honrarlo. Hay tantas maneras en que podemos pasarlo por alto en nuestra sofisticación mental. Hay tantas tentaciones que nos atrapan por nuestra capacidad de explicar o definir. Sin embargo, en cualquier momento tenemos la libertad de detenernos. Tenemos la libertad de simplemente rendirnos a lo que no va ni viene. Es/está aquí, está vivo, y es consciente de sí mismo como el tesoro sin límites de lo que eres.