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Artículos Advaita - Peter Russell

La Realidad de la Consciencia (2ª Parte)

por Peter Russell 4 de diciembre 2014
La realidad de la Consciencia

El problema difícil

El problema difícil de la consciencia aún permanece. En primer lugar ¿por qué existe la conciencia? ¿Cómo es posible que los procesos físicos en el cerebro den lugar a algo tan inmaterial como la consciencia? ¿Por qué no toda esta actividad simplemente ocurre de todos modos, sin que seamos conscientes de nada de eso?

Este es un gran enigma para la ciencia contemporánea. Es más fácil explicar cómo nos desarrollamos a partir de células simples que explicar por qué somos conscientes.

Una prueba de cualquier teoría científica es lo bien que predice cómo serán las cosas. Sin embargo, no hay nada en nuestra visión del mundo científico actual que prediga que cualquier disposición de materia física deba dar lugar a una experiencia consciente interior.

La actual visión del mundo materialista está tan profundamente arraigada en nuestro pensamiento que rara vez la cuestionamos. En lugar de ello seguimos buscando maneras para tratar de explicar la consciencia en términos materiales.

Dónde trazamos la línea

Hay un segundo problema importante con este enfoque. Si la consciencia emerge de la materia insensible, entonces ¿en qué etapa de la evolución ha ocurrido esto? ¿Dónde trazamos la línea entre las criaturas que son conscientes y las que no lo son?

Nos imaginamos que nuestras mascotas son seres conscientes. Por eso les damos un anestésico para que se queden inconscientes antes de una operación. Suponemos que experimentarían dolor si no lo hacemos, al igual que lo haríamos con nosotros.

Probablemente sentiríamos lo mismo con otros mamíferos. ¿Qué pasa con otros vertebrados? ¿Un pájaro? ¿O un pez? Sus sistemas nerviosos están estructurados de manera similar.

¿O un pulpo? ¿O una araña? ¿O un gusano? ¿Dónde trazamos la línea?

El problema es que allí donde tracemos la línea, nos encontramos una vez más con el problema difícil. ¿Cómo es que un lado de la línea de la materia física no produce una experiencia interior, mientras que la otra parte sí lo hace?

Ninguna línea

Nuestro continuo fracaso en explicar cómo surge la consciencia de la materia física sugiere que es posible que debamos cuestionar algunos de los supuestos fundamentales de la visión del mundo contemporáneo.

Se supone que la materia misma es insensible ― está totalmente desprovista de cualquier experiencia. Este supuesto se encuentra en el corazón del problema difícil.

Un supuesto alternativo ―y que está siendo explorado por un creciente número de científicos y filósofos― es que la capacidad para la experiencia está presente, en cierta medida, en todo.

No aparece de repente de la nada, como por arte de magia, una vez que haya surgido alguna disposición particular de la materia. La experiencia está allí todo el camino hasta abajo del árbol evolutivo.

Si es así, entonces la consciencia no está limitada a las criaturas con sistemas nerviosos. Incluso una simple célula tiene una tenue luz de consciencia. Nada como la rica experiencia que conocemos. Nada como un pensamiento o un sentimiento. Pero no nada en absoluto.

Desde esta perspectiva, no hay ningún lugar donde podamos trazar una línea entre entidades conscientes y no conscientes.

La consciencia en sí misma no es un producto de la evolución. La capacidad para la experiencia siempre ha estado ahí. Lo que ha evolucionado son las formas que aparecen en la consciencia.

La consciencia intrínseca al cosmos

Si no hay ningún lugar donde trazar la línea, entonces debe haber algún rastro de consciencia, por insignificante que fuera, en las moléculas, átomos, e incluso en las partículas elementales.

Esto puede parecer extraño. Pero eso no quiere decir que los átomos y las moléculas experimenten el mundo como lo hacemos nosotros. Probablemente no hay representación del mundo a este nivel. Para que una representación aparezca en la consciencia es necesario que haya algún tipo de procesamiento de información integrado. Esto probablemente no aparece hasta el nivel de la célula, donde los sistemas químicos que mantienen la integridad del sistema vital conducen a un procesamiento de información suficientemente complejo.

En este sentido, la aparición de la vida y la aparición de la experiencia están íntimamente conectados. Son dos aspectos de un mismo desarrollo.

Pero no podemos decir que no hay absolutamente ningún rastro de consciencia a escalas moleculares o atómicas. De lo contrario tendríamos que explicar una vez más cómo la experiencia podría surgir de lo que no tiene ninguna experiencia.

Si no hay ningún lugar donde podamos trazar una línea y la capacidad de la conciencia sigue hasta abajo (del árbol evolutivo), entonces esa capacidad debe ser una cualidad intrínseca del cosmos.

Así que hay algo más que podemos decir acerca del mundo de ahí fuera. No es sólo un campo altamente diferenciado de información, el campo tiene el potencial de ser consciente.

Dejando de lado la física

A primera vista esto podría parecer que conduce a un aspecto dual del modelo de la realidad. Hay un aspecto físico externo de todo, y hay un correspondiente aspecto consciente interno.

Sin embargo, cuanto más tratamos de discernir el aspecto físico, más nos encontramos con que no hay ninguna "cosa" ahí. ¿Podría esto estar apuntando al hecho de que realmente no hay nada ahí, que en realidad no hay ningún aspecto físico?

Tal sugerencia desafía una importante suposición del actual paradigma ― que existe un mundo físico real. Esta hipótesis ha sido cuestionada durante cien años por el advenimiento de la física cuántica, pero hasta ahora nos hemos negado a considerar a dónde podría conducir.

Lo hace, sin embargo, satisfactoriamente la Navaja de Occam. El modelo del aspecto dual conlleva la hipótesis de que existe una esencia física para el mundo, a pesar de toda la evidencia que apunta a lo contrario. Tal suposición no implica un monismo de la consciencia. Y así, aplicando la navaja, sería la interpretación preferida.

También elimina cualquier necesidad de identificar una relación entre el aspecto físico externo y el aspecto consciente interno. No hay dualidad.

Un campo de conocimiento conociéndose a sí mismo

La interpretación monista dice que el campo de información es consciente. Y eso es todo lo que hay.

Las estructuras suficientemente complejas en el campo responden a la información detectada en el campo alrededor de ellas, y de eso crean su propia representación de un mundo físico. Este aparece entonces como una forma material en su consciencia.

Esto está sucediendo en todos los niveles ― desde las formas más simples de la vida a las más complejas. Cada una tiene su propia representación particular de la información que detecta. Cada una experimenta su propia construcción particular de un mundo material.

El cosmos entero es un vasto campo de conocimiento, conociéndose a sí mismo, y creando por sí mismo la apariencia de lo físico.

Por qué la materia es insensible

Pero si la consciencia está en todas partes, y es la naturaleza esencial de todo, ¿por qué no la vemos de esa manera? ¿Por qué los objetos materiales parecen totalmente desprovistos de consciencia?

Buscando la consciencia en el mundo es un poco como estudiar una película, en busca de la fuente de su luz. En ninguna parte podríamos encontrarla. La luz no está en la película. La película está hecha de luz.

Todo lo que conocemos del mundo es la imagen de él apareciendo en la consciencia. La imagen se puede decir que está construida desde y en la consciencia, pero la imagen en sí no incluye la consciencia. En consecuencia no hay rastro de la consciencia en nuestra experiencia de un mundo material.

Es por esto que es tan fácil asumir que el mundo de ahí afuera es insensible ― y por qué surge el problema difícil. Nos imaginamos que el mundo exterior es como nuestra imagen de él, es decir, carente de consciencia.

Parecería que todo lo contrario es cierto. El mundo de nuestra experiencia ―el único mundo que conocemos directamente― aparece ante nosotros como objetos materiales, sin rastro de la consciencia.

La cosa-en-sí, que nunca conocemos directamente, no está hecha de materia, pero es consciente.

El reconocimiento del papel fundamental de la consciencia le da la vuelta a la realidad. La naturaleza esencial del cosmos es mental, no material.

Implicaciones

Esta no es una idea nueva. Varios filósofos y místicos han llegado a la misma conclusión. Sin embargo, nunca ha sido tomada en serio por la ciencia moderna. ¿Pero qué ocurre si lo hacemos?

En primer lugar, al igual que con la mayoría de los cambios de paradigma, los descubrimientos del paradigma actual se incluyen en el nuevo.

Nada de lo que hemos descubierto en la ciencia moderna ha cambiado. Las matemáticas funcionan de la misma manera. Las leyes de la física siguen siendo válidas. Todos nuestros descubrimientos en química, biología y otras ciencias son válidos.

Lo que cambia es nuestra suposición en cuanto a lo que las leyes se refieren. No son las leyes del desarrollo del mundo físico del espacio, el tiempo y la materia. Son las leyes del desarrollo de un campo consciente de sí mismo.

En segundo lugar, puede proporcionar nuevos conocimientos sobre los problemas desconcertantes de la física moderna en los que la observación parece jugar un papel fundamental.

En estos momentos estamos tratando de entender estos problemas desde una visión del mundo que se centra en lo observado, pero que no incluye al observador.

Una visión del mundo que incluya a la consciencia como algo fundamental, en lugar de tratar de explicarla como una consecuencia de la actividad cerebral, puede ofrecer avances fascinantes en estas complicadas áreas.

En tercer lugar, un monismo de la consciencia no tiene ningún problema con los llamados fenómenos paranormales. En una visión del mundo materialista es difícil, si no imposible, explicar la telepatía, la clarividencia, la telequinesis, la precognición, etc. Una visión del mundo que lo ve todo como el juego de la consciencia, no se opone a este tipo de fenómenos.

Y en cuarto lugar, puede ofrecer información valiosa sobre nuestra propia naturaleza interna. La ciencia y la espiritualidad a menudo se observa que están en desacuerdo. Esto es en gran parte debido a que erróneamente asumimos que están describiendo el mismo mundo. La esencia del misticismo es la exploración interior de nuestra propia consciencia, un ámbito en el que la ciencia no se ha aventurado. Una y otra vez nos encontramos con que los exploradores internos que han profundizado en la naturaleza de la experiencia misma apuntan todos a la misma conclusión. Mi esencia más íntima es la esencia de todo. En palabras de los Upanishads, "Yo soy Eso".

 
(Este es un artículo resumido. Muchos de los puntos podría ser ampliados y ejemplificados. Aquí estoy suponiendo que el lector está familiarizado con los conceptos básicos involucrados.)
Vea también: vídeo de la charla sobre este tema dada en Science and Nonduality Conference, 2014