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Artículos Advaita - Robert Adams

El misterioso sabio de Sedona

por Edward Muzika
Publicado en la revista Yoga Journal, Nº 138, Enero/Febrero 1998

Un estudiante reflexiona sobre la vida y muerte de Robert Adams, un estadounidense que logra despertar a los pies de Ramana Maharshi.

Robert Adams
Robert Adams

Robert Adams, quien enseñó a un grupo pequeño de estudiantes en silencio y discretamente desde hace 30 años en Los Ángeles, ha sido uno de los secretos espirituales mejor guardados de nuestro tiempo. No fundó ashrams, centros o institutos, nunca dio conferencias en los talleres públicos o de enseñanza, rara vez fue entrevistado o fotografiado y no publicó ningún libro. Incluso hacia el final de su vida, cuando su nombre había comenzado a extenderse, sus reuniones semanales ―o satsangs― nunca excedieron de 50 participantes. Y sin embargo, fue tal vez el único estadounidense en encarnar y transmitir la experiencia y enseñanzas no duales directamente de Ramana Maharshi, considerado por muchos como uno de los más grandes de todos los maestros espirituales modernos de la India.

Ramana Maharshi tuvo un despertar espontáneo a la edad de 16 años. Presa del pánico a la muerte, se estiró en el suelo como un cadáver, tensó su cuerpo, y se dijo: "Bueno, mi cuerpo está muerto. Yo lo veo. Pronto será cremado. Pero, ¿quién es el que muere?" Su intensa indagación sobre esta cuestión dio lugar a la constatación de que el cuerpo muere, pero la Conciencia de Sí mismo nunca decae. Esta Conciencia de Sí mismo, más tarde dijo él, "no tiene relación con nada. También es auto-luminosa. Incluso aunque este cuerpo sea quemado, no se verá afectada. Por lo tanto me di cuenta, ese mismo día, de que yo era esa Conciencia."

Esta constatación o realización nunca lo abandonó. Poco después de su despertar, el joven se marchó de su casa y se dirigió a la montaña sagrada de Arunachala. Pasó muchos años allí, meditando en una cueva, sin hablar. Finalmente Ramana Maharshi se hizo famoso como jnana (sabiduría) yogi auto-realizado, un gran maestro de la tradición espiritual conocida como Advaita ("no-dos") Vedanta. Aunque muchos pueden hablar de esta tradición largo y tendido y con gran erudición, Ramana fue uno de los pocos que tuvo una experiencia y realización directa de la no-dualidad.

Finalmente un ashram creció a su alrededor, y su presencia atrajo a buscadores espirituales de todo el mundo. En su mayor parte enseñó a través del silencio, y sus dos primeros libros, Auto-Indagación y ¿Quién Soy Yo?, se componen de respuestas escritas a las preguntas formuladas por los devotos. Cuando empezó a hablar, normalmente regresaba una y otra vez al mismo punto: "Todo el mundo dice "yo" sin entender el significado de ese pronombre. El buscador de la Verdad debe primero hacer la pregunta '¿Quién soy yo?' tan a menudo como una idea o pensamiento surge, entonces ahí el buscador debería preguntarse, '¿A quién le ocurre esta idea?' " Este proceso, él enseñó, conduciría a la liberación.

Un enano y un siddhi

Al igual que su gurú Ramana, Robert Adams tuvo una experiencia espontánea de despertar cuando era un niño. Nacido en 1928 en el Bronx (Nueva York), el primer recuerdo de Robert era el de un enano de unos dos pies de alto, con el pelo blanco y una barba blanca, que se situaba a los pies de su cama y le hablaba o más bien farfullaba en un idioma que no entendía. Este hombrecillo finalmente desapareció cuando Robert cumplió siete años.

Después de que el hombrecillo dejó de venir, Robert desarrolló un siddhi, un poder. En ese momento, dijo, sentía que el mundo le pertenecía. Siempre que quería algo, él simplemente repetía tres veces el nombre de Dios, y en cuestión de minutos u horas le era entregado. Una vez, después de que pensó que le gustaría tomar clases de violín y recitó el nombre de Dios, su tío apareció con un violín, diciendo que pensaba que Robert podría disfrutar del aprendizaje del instrumento.

Por ese entonces Robert tenía 14 años, y apenas estudiaba en absoluto. Cada vez que se acercaba un examen, volvía a decir simplemente, "¡Dios! Dios! Dios!" y las respuestas correctas venían. Un día, justo antes de tener una prueba de álgebra, repitió tres veces de nombre de Dios. Pero en lugar de las respuestas de álgebra, algo más vino a él ― un gran despertar. Acerca de la experiencia misma Robert siempre se mantuvo reticente, diciendo que era inexpresable. "Pero", dijo, "me cambió la vida por completo". De hecho, Robert empezó a cambiar tanto que su madre pensó que se estaba volviendo loco. Ya no estaba interesado en la comida, la escuela, los libros, los amigos o las aficiones. No tenía ni idea de lo que le había sucedido, y comenzó a explorar libros religiosos de Oriente. Un día se topó con el libro ¿Quién Soy Yo? de Ramana Maharshi. Al ver la fotografía de Ramana, dijo, "Me quedé estupefacto. El pelo de la cabeza y el cuello se me pusieron de punta. El hombrecillo que me había estado sermoneando todos esos años era Ramana".

Robert asistido a reuniones y tuvo largas conversaciones con el maestro espiritual Joel Goldsmith. Finalmente descubrió Autobiografía de un Yogui de Paramhansa Yogananda, y decidió ir a estudiar con él. Así que a los 16 años se marchó de casa para ir a Encinitas, California.

Admitido por Yogananda, el muchacho le pidió convertirse en monje en el monasterio de la Self-Realization Fellowship. Pero Yogananda le negó la solicitud. "No veía la hora de deshacerse de mí", recordaba Robert. "Me preguntaba por qué me enseñó todas las prácticas, mantras, afirmaciones, y técnicas de curación, cuando todas ellas yerran el blanco de la auto-realización. La actitud de Yogananda era 'lo he hecho muy bien, gracias, haciendo las cosas de esta manera'." Debido a la naturaleza del despertar espontáneo de Robert y su conexión con el enano del pelo blanco, Yogananda le dijo a Robert que Ramana era su verdadero maestro.

Encuentro con Ramana

Durante el otoño de 1946 Robert viajó a la India, llegando por tren a la ciudad de Tiruvannamalai, a pocos kilómetros de la montaña Arunachala, el sitio del ashram de Ramana Maharshi. Temprano al día siguiente, mientras caminaba hacia el ashram, vio a Ramana que venía por el camino hacia él. Una energía electrizante recorrió su cuerpo. Se sentía completamente abierto. Mientras Ramana se acercaba, Robert se quitó toda la ropa y se dejó caer a los pies de su gurú. Ramana se agachó, agarró a Robert por los hombros, le miró a los ojos y dijo: "He estado esperando por ti. ¡Levántate! ¡Levántate!"

Robert se quedó en el Ashram de Ramana durante casi tres años, durante los cuales él compró un jeep para el ashrarn para llevar suministros de la ciudad y ayudar a construir un gran hospital con el dinero de una herencia.

Durante la década de 1940 Ramana estaba casi constantemente enfermo con artritis severa y otras enfermedades, incluyendo el cáncer que finalmente le mató. A pocos visitantes se les permitía permanecer más de un par de semanas en el ashram, así que Robert vivía principalmente en las cuevas de arriba. Más tarde dijo, "fue con Ramana que mis ojos se abrieron al significado de mi experiencia".

Después de morir Ramana, Robert quería visitar a otros santos en la India, pero no le quedaba dinero. El famoso biógrafo de Ramana, Arthur Osborne, oyó hablar de la situación de Robert y le dio 7.000 dólares para continuar sus viajes y educación espiritual. Robert vagó por toda la India y por el mundo de vez en cuando durante los próximos 30 años. Él dijo que quería asegurarse de que no se había perdido nada. No importa donde viajara Robert, era descubierto, y un grupo de discípulos creció a su alrededor. Pero él siempre se resistió a estar sujeto a un ashram o comunidad y pronto siguió adelante. Finalmente, sin embargo, decidió que era el momento de parar y tomar un pequeño grupo de estudiantes, a los que podría trasmitir su comprensión. Sin publicidad ni fanfarria de ningún tipo, comenzó a celebrar satsang en Los Ángeles.

En el Silencio

Conocí a Robert Adams en junio de 1989. Había sido un monje Zen durante muchos años y todavía no había encontrado lo que estaba buscando. Recibí un doctorado en psicología y empecé mi propia práctica de psicoterapia. Pero al examinar mis emociones sólo me parecía que me hacía más consciente de mi infelicidad.

En los próximos años escucharía decir a Robert las cosas más desconcertantes: "Nada es lo que parece ser. El mundo no es real. Tú no eres tu cuerpo, no eres un ser humano, eres Dios, el Absoluto, omnisciente, inmortal, la perfección de todo amor". Sin embargo, un día después diría: "No existe nada ― ni el mundo, ni la mente o el cuerpo, ni lo Absoluto o Dios Todos son sólo palabras". Un día diría, "No te emociones; todo lo que ves, tocas, oyes, o sientes no es real. Mira adentro y averigua lo que realmente eres". Otro día diría, "¿Qué es lo peor que te puede pasar? Puedes morir, y ¿qué hay de malo en eso?" Nunca sabía cómo tomar sus comentarios. Desafiaban la evidencia de mis sentidos, que constantemente me mostraban el mundo externo como sólido y real.

Aún así confiaba en sus enseñanzas, debido a su total tranquilidad. Él siempre mantenía el mismo porte de profunda ecuanimidad ya fuera en el Satsang, viajando en coche, sentado en el parque, o en el almuerzo. Hablaba con una confianza tranquila, como si estuviera hablando desde una experiencia constante viva y absoluta, sin pronunciar conocimientos filosóficos aprendidos de los libros o de Ramana. Porque confiaba en él y sus enseñanzas, cambié. Todo el mundo reconocía que yo era menos arrogante, menos agresivo, menos enojado, menos tacaño, menos temeroso del mundo; era más suave, más apacible, más amable.

Muchas personas, especialmente las que provenían de otras tradiciones que enfatizaban la transmisión de las enseñanzas o de Shakti (poder espiritual) encontraban nuestros encuentros de satsang aburridos. Robert no presentaba técnicas para encontrar la felicidad o Dios, o hacer que la vida funcionara mejor. Había pocos cánticos y pocos signos externos de devoción entre sus discípulos. Finalmente, la enfermedad de Parkinson de Robert perjudicaba su discurso, lo que dificulta la fácil comprensión de sus palabras. (Solía acusarlo de contraer la enfermedad sólo para que la gente se esforzara en escuchar). También hablaba lentamente, con largos intervalos entre las oraciones. Hacía hincapié en el silencio más que en el contenido. Algunos recién llegados encontraban toda la experiencia carente de energía, comprensión, devoción, o incluso una comprensibilidad básica. Pero debido a que tanto faltaba exteriormente, los que se quedaban eran llevados profundamente adentro por el silencio. De hecho, el silencio es la mejor descripción para Robert. El silencio era su hogar, su origen, su ser, su enseñanza.

Sólo estar en su presencia tenía un profundo efecto en muchas personas. Algunos eran dominados por la felicidad, otros por la paz. Algunos sentían una profunda relajación que casi les hacía caer en un "sueño" consciente. Algunos experimentaban un hundimiento en la luz; otros una disolución en el vacío mientras el mundo se disolvía dentro en ellos; otros una felicidad profunda y nada más. Para cada uno era diferente.

Mayormente Robert era imperturbable ― nunca se quejaba, nunca le faltaba una sonrisa o una respuesta divertida, y yo nunca lo vi enojado. Él le daba a la búsqueda espiritual un enfoque encantadoramente liviano, incluso irónico. "Alguien en el grupo me ha pedido que hable sobre el sufrimiento", anunció una noche. "No sé si quieren que les diga cómo sufrir, o cómo deshacerse del sufrimiento", reía. "Cuando estás sufriendo, buscas a alguien para que te alivie el sufrimiento. Pero si sigues este enfoque, cuando una desdicha es quitada, sobreviene otra. No hay fin a eso.

"Entonces, ¿qué hacemos? Dejamos al mundo tranquilo. Indagamos dentro. ¿A quién ha sucedido esto? Eso es lo que debes hacer con cada problema, con cada dolor de barriga, con cada infelicidad, y con todo lo que vemos en este mundo. ¿Quién es este yo? ¿Quién le dio a luz? ¿Quién es su fuente?"

Otra noche alguien se quejó de que la auto-indagación parecía "como una actividad muy intensa".
"Nooo", respondió Robert. "Hazlo de una manera cómica. Ríe ― haz un juego de ello. No lo tomes demasiado en serio."

"¿No es la indagación una forma de búsqueda, indicativa del ego?" preguntó otro estudiante.
"Tienes que usar tu ego para destruir tu ego", dijo Robert. "Usa tu mente para destruir tu mente".

"Entonces no hay búsqueda después de cierto punto?"
"Toda búsqueda se detiene."

"Por qué no podemos hacer eso desde el principio?" el estudiante persistió.
"Puedes. ¿Por qué no?" Robert se ríe.

El estilo de enseñanza juguetón y travieso de Robert continuaba fuera del satsang. En su forma muy mesurada, decía una cosa a una persona y otra cosa muy diferente a otra. A veces parecería no recordar las promesas, aunque su memoria era excelente, o se expresaba ambiguamente de tal manera que todo el mundo pensaba que había accedido a sus diferentes y contradictorios deseos. Él negaba ser un gurú, pero actuaba como uno y constantemente ensalzaba las virtudes del "ser realizado" o sabio. Incluso parecía provocar a la gente para que pudieran entrar en conflicto entre sí.

Por ejemplo, después de conocer por primera vez a Robert empecé a transcribir todas sus conversaciones, con la idea de venderlas en el satsang, dando un porcentaje a Robert y guardar una parte para mí para iniciar una empresa editorial para el satsang. Todo tenía sentido. Robert daba la charla, yo grababa las conversaciones, las transcribía, editaba, y escribía una introducción para culminar las cosas. Así que, un 50 por ciento era justo, ¿no? Las cosas fueron bien durante un tiempo, hasta que un día llegué al satsang y encontré nuevas transcripciones en la mesa realizadas por otra estudiante, María. Ella sólo pedía una donación. Entonces la próxima semana, más transcripciones aparecieron de otro transcriptor. Había perdido mi confortable puesto de ser la voz de Robert, mi nuevo negocio se había ido a pique, y María y yo estuvimos enfrentados por un tiempo. Fue doloroso, pero efectivo. Me di cuenta de que Robert siempre estaba atizando el fuego, "revolviendo la hoguera" para hacer que los egos chocaran entre sí, creando un escenario en el que los aspectos más burdos de la personalidad ―los celos, la envidia, la necesidad de reconocimiento o control― pudieran salir a la luz. Robert era un cincel de acero golpeando los bordes de pedernal del ego.

Éxodo

Desde mi primer encuentro con Robert, él había expresado su interés de establecer un ashram en alguna otra ciudad. Un mes sería en una ciudad en Chile o Argentina, y un año después sería en Calcuta o Nueva Escocia. Siempre estaban llegando ofertas de todo el mundo, pidiendo a Robert visitar lugares o vivir allí, y por lo general él dirigía estas ofertas hacia mí y algunos otros.

Pero el juego se volvió más serio durante marzo de 1995, ya que parecía estar más decidido a trasladarse. Un día fatídico de agosto mientras llevaba en coche a Robert al satsang, le pregunté: "Robert, ¿no es hora de tomar en cuenta Sedona?" La gente de allí le había ofrecido todo lo que necesitaba, incluyendo una residencia y una casa para el satsang. ¿Cómo podía rechazar tal generosidad y declaración de amor? Robert decidió mudarse a finales de septiembre, tan sólo por cuatro semanas.

Durante este tiempo, la enfermedad de Parkinson de Robert empeoró, pero él sólo bromeaba acerca de su enfermedad. La asistencia al satsang iba en aumento, sin ninguna razón aparente. Una noche, Robert me llamó para que me acercara a la silla donde estaba sentado, ahuecó su mano en su boca, y me habló al oído: "Vienen a ver al gurú moribundo. El día que me muera, vamos a tener la casa llena". En otra ocasión, un devoto sugirió que en lugar de que Robert diera una charla, alguien (es decir él mismo) podría leer una de las charlas anteriores de Robert de una transcripción. La respuesta de Robert fue: "Hay muchos maestros que hablan; hay muchos maestros que están en silencio; pero sólo hay un maestro que murmura!"

Todo cambió ahora en el satsang en Los Ángeles. Robert hablaba tanto como siempre lo había hecho, pero tenía un resplandor y presencia que nunca había revelado antes. En lugar de sentarse en la silla y desaparecer dentro de sí mismo durante media hora antes de hablar, como era costumbre, se inclinó hacia delante en el borde de la silla, agarrando el micrófono, mirando a todos con atención. Este era un Robert muy diferente, uno que sabía que profundos cambios estaban en el aire. El poder que irradiaba era palpable. Robert todavía bromeaba, pero generalmente estaba en silencio. A veces sólo nos miraba profundamente a los ojos. Robert estaba derramándose totalmente en nosotros, dándonos su última mejor oportunidad.

Robert Adams

En Sedona, Robert vivía con su esposa en una espaciosa casa de dos dormitorios. Todo el extremo de su sala de estar era de cristal y daba a Capital Butte, una montaña que se parece mucho a Arunachala. Robert se sentaba a menudo en un gran sillón frente a la montaña al ponerse el sol. Dos veces al día llevaba a su pequeño perro, Dmitri, a dar un paseo. Dormía muy poco, tal vez tres horas por noche, y luego se sentaba en silencio a partir de las 3 de la mañana hasta las 6, al que se le unían devotos de todo el mundo que conocían su horario.

Robert pasó sus últimos días hablando con los estudiantes. Dio a dos personas instrucciones explícitas para comenzar satsangs en Sedona y Santa Mónica. A algunos otros les entregó la responsabilidad de cuidar de su familia.

Durante sus últimos días, Robert solicitaba silencio completo. Los devotos decían que él podía oírles su más leve susurro, no importa donde estaban en la casa, y él gritaba pidiendo silencio.

Un derrame cerebral afectó a su visión a finales de febrero, pero su estado de ánimo nunca cambió. Robert se enfrentó a su muerte con una actitud de felicidad y emoción, como si se estuviera embarcando en un gran viaje. El perro de Robert había muerto pocos meses antes, y él había dicho muchas veces, "Dmitri me mantiene conectado a tierra. Cuando él muera moriré yo". Y así fue. Dos noches antes de morir, devotos y familiares lo llevaron fuera para una última mirada a la montaña. Él señaló a la cima de la montaña y dijo: "Nieve". Nadie entendía, porque no había nieve en la montaña. Uno o dos días más tarde, sin embargo, la nieve comenzó a caer, suavemente al principio, y luego con una creciente furia. En cuestión de horas todos en la casa se quedaron atrapados, sin poder salir, y por lo tanto fueron bendecidos para presenciar la muerte de Robert aislados del mundo exterior.

En la noche antes de su muerte, una gran energía pacífica impregnaba su dormitorio, y empezó a sonreír y reír. Dijo que Ramana había entrado en la habitación, junto con Cristo, Buda y muchos otros santos y sabios. Preguntó si nadie podía verlos y habló con Ramana y los otros, tal como lo había predicho que sucedería después de una visión que tuvo hace 10 años.

Su cuerpo y rostro estaban radiantes, y él irradiaba una energía que vigoriza a todo el mundo. Los estudiantes comentaron que sentían que Robert estaba trabajando en un nivel de energía sutil, transformándolos y purificándolos.

Robert era plenamente consciente cuando murió y reía y sonreía hasta el final. Él dijo que no había más dolor, sólo "hormigueo", a pesar del hecho de que ahora también padecía cáncer de hígado. Minutos antes de morir, agarró la cabeza de su hija, pronunciando las palabras: "Te amo, Te amo". Su cuerpo estaba bañado, ungido con aceites fragantes, y estaba vestido de lino blanco y seda. Aquellos de nosotros que lo vimos estábamos abrumados por su belleza. Partes de su cuerpo se mantuvieron calientes durante días, especialmente los pies y el pecho.

Cuando el gurú de Robert, Ramana Maharshi, estaba muriendo le dijo a sus discípulos en duelo, "Ellos creen que este cuerpo es Bhagavan y le atribuyen sufrimiento. ¿No es una pena? Están abatidos porque Bhagavan va a dejarlos y marcharse. Pero ¿adónde podría ir?"

Robert nos dejó con un mensaje similar. "Cuando despiertas", dijo una vez, "no hay tal cosa como estar bien o estar enfermo. Pero tú no entiendes lo que te digo, y vas a diferentes médicos, tomas colónicos, visitas a todos los curanderos el mundo. Lo que debes hacer es buscar el Ser. Luego te despiertas. Fue todo un sueño. El cáncer no existía. La búsqueda de alivio no existía. Yo no existía. Eres libre".

 
Sobre Despertar del Sueño

Despierta de este sueño mortal. ¿Quién tiene que despertar? Pregúntate a ti mismo. No hay nada que despertar. ¿Puedes decir por qué no hay realmente nada que decir? Podemos jugar a todo tipo de juegos con mantras y técnicas tántricas ― ¿con qué fin? Sólo sé que no eres nadie; no hay absolutamente nada que hacer; nadie existe. Esto te libera de todo. Te libera de toda responsabilidad hacia ti mismo y el mundo.

Algunos de ustedes todavía creen que si te vuelves de esta manera serás tan sarcástico y beligerante que no te importará ser amoroso y amable, pero esto no es cierto. Por el contrario, cuando sueltas todo, cuando sueltas todas tus ideas preconcebidas, tus dogmas, te olvidas de todos tus rituales y todas las cosas que has estado haciendo toda tu vida, lo que llamamos amor comienza a funcionar como tú. Lo que llamamos compasión comienza a funcionar como tú.

La bondad, la paz ― estos atributos se harán cargo automáticamente, por que has perdido todo temor. Cuando has perdido todo temor por la existencia, el amor se hace cargo automáticamente.

Sobre Maestros y Estudiantes

Tú creas un maestro para que te despierte; pero ya estás despierto y no lo sabes. Un maestro te da enseñanzas, te da la gracia, y te hace comprender que ya estás despierto y en paz. A cambio tú cuidas del maestro. Es un juego recíproco. Es tu juego, es tu sueño. Por lo tanto despierta ahora y sé libre.

Sobre el Corazón

Tu corazón tiene que ser tu guía. Si eres sincero, sabrás a dónde ir y qué hacer. Si estás trabajando por tu ego, encontrarás defectos en todo. Pero una cosa es cierta, todo el mundo está en su lugar correcto. No hay errores. Nadie los ha cometido. Nadie los está cometiendo.

Aquellas personas que están con ciertos gurús pertenecen justamente adonde están, por el momento. Gírate hacia dentro y tu corazón te dirá a dónde ir.

―De: no hay sufrimiento, no hay muerte. © 1991 por Robert Adams