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Krishnamurti: el Hombre del Futuro

La visión de un Iluminado

por Premananda
Vimala Thakar
Vimala Thakar

Durante mucho tiempo Krishnamurti ha sido para mí como un antídoto contra la locura del mundo, y la lectura cuidadosa de sus palabras a menudo trae consigo un cambio en la consciencia, y una apertura a una quietud que siempre ha estado ahí, pero oculta por toda la frenética actividad de la mente. Vimala Thakar una vez me dijo que creía que tendrían que pasar al menos 50 años antes de que Krishnamurti comenzara a ser ampliamente comprendido. Ella dijo: "Yo creo que él es el hombre del futuro". Ella había estado mucho tiempo en contacto con "Krishnaji" (como se le llama a veces), y creo que Krishnaji había dicho que ella era la única que verdadera y totalmente había "comprendido" lo que él trataba de comunicar: la transformación radical de la mente y el corazón.

Los escritos de Krishnamurti puede ser difíciles de comprender para muchas personas. Un problema es que nuestras mentes están siempre tan fantásticamente ajetreadas, siempre corriendo de una cosa a la siguiente, y para leer los escritos y charlas de K. uno tiene realmente que tomarse algún tiempo y permitir que la mente vaya un poco más despacio. No se puede "hojear" a Krishnamurti. Él es absolutamente serio y se ocupa de las cuestiones más fundamentales de nuestras vidas, por lo que uno necesita de sí mismo tener esa seriedad, e ir despacio, párrafo por párrafo, tratando realmente con empeño de comprender lo que está diciendo. Antes de ponerse a leer algo de K. sería de ayuda sentarse en silencio durante unos minutos y dejar que el ajetreo habitual de los pensamientos disminuya. Vibrar cuidadosa y lentamente con lo que está diciendo es en sí mismo realmente una especie de ejercicio de meditación.

Leí por primera vez a Krishnamurti justo después de haber salido de la universidad y había vuelto a casa de mis padres. No tenía la menor idea de qué hacer con mi vida y había caído poco a poco en una depresión severa con mucha ansiedad e incertidumbre. Me había inscrito en el programa local de un máster universitario estatal y estaba tomando clases de Inglés, pero sabía que eso no era lo que realmente quería hacer.

J. Krishnamurti
J. Krishnamurti

Buscando algún tipo de inspiración y algún tipo de orientación sobre el significado de la vida me recorrí la biblioteca local de la ciudad y me traje a casa, entre otros, mi primer libro de Krishnamurti, uno de la serie "Comentarios sobre el vivir". En la biblioteca su nombre me había golpeado como una especie de campanilla suave en mi mente, mucho antes de saber nada sobre la India o el hinduismo o lo que significaba la palabra "Krishna". De alguna manera pensé que había oído hablar de él en alguna parte. Esto fue a finales de 1967.

Sentado en el estudio de la familia en la profundidad del otoño me dirigí a este libro con curiosidad y esperanza. Desde pequeño siempre he estado interesado en las cosas filosóficas, siempre preguntándome qué era todo esto, y qué significaba, qué somos, y qué sentido tiene estar vivo.

El libro tiene un formato simple. Primero Krishnaji describe dónde estaba en ese momento, describe la naturaleza a su alrededor, y luego describe a una persona en particular, que ha venido a verle ese día. Durante el resto del capítulo se narra el diálogo que tuvo con esa persona, las preguntas que le hizo, y las respuestas que él dio. Se trata de un precioso conjunto de tres libros. Leyendo capítulo tras capítulo me di cuenta de que esta es una persona a la que todas estas diferentes personas están viniendo, día tras día, de todos los ámbitos de la vida, la mayoría de ellos preocupados de una manera u otra, en busca de comprensión y alivio de su sufrimiento. Y él les habla con palabras de sabiduría.

Para ser sincero, creo que la mayoría de lo que leí no le presté mucha atención. Creo que estaba muy deprimido y lleno de ansiedad en ese momento como para poner toda mi mente en ello, y yo todavía era muy joven, en mis veinte años, y me sentía presionado por hacer algo con mi vida. Creo que puede ser cierto que las cuestiones filosóficas maduran a medida que envejecemos y que el interés por esas cosas naturalmente aumenta a medida que uno comienza a darse cuenta de que la vida de uno finalmente terminará.

Forcejee con el libro e intuitivamente sentí que ahí había algo importante, pero no pude percibirlo. Aún no estaba preparado para Krishnamurti. Los problemas urgentes de qué hacer con mi vida eran una gran distracción como para permitir la necesaria concentración. Pero una semilla había sido plantada en mi mente para la próxima vez que oyera el nombre de este hombre único y maravilloso.

Ese momento llegó unos años más tarde, cuando estaba viviendo en un ashram de yoga en el estado de Nueva York. Conseguí al final, después de mucha agonía, un trabajo como fotógrafo y persona de los medios de comunicación en un proyecto educativo en Michigan. Era un buen trabajo, pero mi depresión persistía y vivía en una especie de niebla, siempre sintiendo que mi destino se encontraba en otro lugar, que debía dedicarme a la búsqueda de la verdad, sea lo que fuere. Con el tiempo pasé por una especie de crisis y decidí dejar ese trabajo y seguir una oferta previa que me habían hecho para ir a vivir a un pequeño ashram de yoga para aprender y enseñar yoga. Todo el mundo pensaba que estaba loco. El líder de ese proyecto educativo fue reconocido en su campo y el proyecto se hizo mundialmente famoso y la base para el programa de Head Start. La gente con razón pensó que había perdido la cabeza por dejar esa posición para irme corriendo a estudiar las extrañas enseñanzas orientales y enseñar a las amas de casa de clase media cómo doblar sus cuerpos y cantar "Om". No me importaba. Una vez que había dado el paso empecé a sentirme mejor y mi depresión comenzó a desaparecer. Finalmente había contestado a mi pregunta después de la graduación sobre qué hacer con mi vida. Me di cuenta de que lo que quería hacer sobre todo era encontrar la verdad última.

Sri Ramakrishna
Sri Ramakrishna en bhav samadhi

Era un pequeño ashram, dos casas en una hermosa finca, con sólo unas pocas personas, y nos enseñaban clases de yoga en diversos lugares para mantenernos y a veces se organizaban seminarios de fin de semana sobre yoga y meditación. Lo más importante para mí fue que comencé a ser introducido en las puras enseñanzas que han salido de la India y de otros lugares de oriente. No de los "falsos" gurús y swamis que abundaban en aquellos días, sino de los mejores y más genuinos, los verdaderamente iluminados. Empezamos con Sri Ramakrishna, el santo hindú intoxicado de Dios del siglo XIX de Dakshineshwar, un templo cerca de Calcuta. En mi primera noche en el ashram me pusieron en mi regazo un libro muy pesado y me pidieron que lo leyera en voz alta, desde el principio, al pequeño grupo. El gran libro se llamaba "El Evangelio de Sri Ramakrishna", y se trataba de un flujo textual minucioso de conversaciones entre este gran maestro y sus discípulos. Un discípulo llamado simplemente "M." de alguna manera lo había anotado todo al final de cada día, reconstruido a partir de su memoria prodigiosa, y este libro resultante es como una biblia para muchos millones de hindúes en la India y, de hecho, para gente de todo el mundo.

Yo estaba muy emocionado por "El Evangelio de Sri Ramakrishna". Leerlo es sentir lo que era realmente pasar el tiempo en compañía de un avatar, una encarnación de Dios. De las enseñanzas de Jesús a sus discípulos hace 2000 años sólo tenemos algunos fragmentos cortos y retazos sueltos, pero aquí había cientos de páginas de transcripción que realmente capturan el sentimiento y detalles de estar con un ser a quien los hindúes, al menos, consideran uno de una serie de "hijos de Dios".

Swami Vivekananda
Swami Vivekananda

Cuando el más famoso discípulo de Ramakrishna, Vivekananda, por primera vez vino a ver a este inculto sacerdote del templo en Dakshineswar le hizo la sencilla pregunta que había estado haciendo a todos los hombres santos desde hace años: "Señor, ¿ha visto realmente a Dios?" Y para su sorpresa Ramakrishna respondió de inmediato "¡sin duda! Más que eso, lo he visto con más claridad de lo que te estoy viendo ahora mismo!" Vivekananda estaba sorprendido y desconcertado. Esta fue la primera vez que había recibido una respuesta positiva inequívoca a su pregunta. Se quedó con el maestro durante años y es considerado generalmente como la primera persona que ha llevado las enseñanzas del yoga a Occidente, justo antes de empezar el siglo pasado.

¡Alguien que había visto realmente Dios! Yo le creí. Era difícil no hacerlo porque las enseñanzas que se vierten a través de "El Evangelio de Sri Ramakrishna" son absolutamente maravillosas. Ramakrishna pasó mucho tiempo practicando, a su vez, cada una de las religiones más importantes del mundo, y logró la visión de Dios en cada una de ellas. Luego pasó a proclamar que todas las religiones no son más que un camino diferente a la misma cosa, el mismo Ser Supremo. Utilizan diferentes nombres para las cosas y practican diferentes métodos, pero todos ellos conducen a la misma fuente única.

Había adorado a Jesús en mi juventud, habiendo sido criado como Metodista, y había deseado como un niño que podría haberlo visto realmente en persona y mirado a los ojos. Una noche le había implorado a mi imagen infantil de Dios "¿Por qué sólo esas personas de hace miles de años llegaron a conocer a Jesús? ¿Por qué tuve que nacer tan tarde que no he podido conocerle? ¿Por qué vino Jesús sólo una vez?" Le rogué a Dios por esto. Parecía tan injusto. Sin embargo, en el ashram la idea hindú acerca del "Hijo de Dios" estaba empezando a surtir efecto, la idea del "avatar".

Los hindúes creen que de tiempo en tiempo Dios se encarna en un cuerpo humano para elevar a la humanidad y mejorar la situación del mundo, y a tal encarnación se se llama un "avatar". No es sólo un gran hombre que se ha elevado, sino el mismo Dios que ha descendido. Así, en tiempos antiguos, Dios se ha reencarnado como Rama, y luego otra vez como Krishna, y más tarde como Sri Chaitanya, y otros. Y en el "Evangelio de Sri Ramakrishna" se da a entender que Ramakrishna era de hecho uno de ellos. Es una larga historia, y los hindúes pueden discutir interminablemente sobre quién era o no era un avatar. Pero el concepto subyacente parece ser una respuesta del mismo Dios a mis súplicas infantiles sobre la injusticia del "Hijo de Dios" que vino sólo una vez, a esas personas afortunadas hace 2000 años. Pero los hindúes han estado diciendo, mucho, mucho antes de Cristo, ¡que Dios viene muchas veces! ¡De era en era, se encarna entre los hombres! Yo estaba muy emocionado y feliz de conocer esta diferente y más antigua idea sobre el Hijo de Dios.

Continuamos con nuestras lecturas diarias que relatan el gozo y la felicidad y la risa de Sri Ramakrishna entre sus discípulos. Llegué a creer que Ramakrishna no había sido un hombre común y corriente, sino una verdadera encarnación del mismo Dios. ¡Y él había muerto hace menos de 100 años! Si tan sólo pudiera haber nacido en ese entonces podría haber sido capaz de enfrentarme cara a cara con un hijo de Dios!

Ramana Maharshi
Ramana Maharshi

Después de estudiar las enseñanzas de Ramakrishna nos fuimos a estudiar las enseñanzas de otro, aún más reciente, gran hindú, Ramana Maharshi, que había vivido al pie de una montaña sagrada en el sur de la India y murió en 1950. No parece haber proclamas públicas de que Ramana fuera un avatar. Más bien ha sido considerado como un "sabio" o "rishi" o simplemente una persona iluminada que había llegado al más alto estado de consciencia, un estado a veces llamado "auto-realización". Mientras que Ramakrishna era del sendero de la devoción y el amor –intoxicado de Dios–, Ramana era del sendero de la auto-indagación, un sendero que es sobrio y reflexivo y tranquilo y silencioso. Su enseñanza era muy simple: preguntarse sin cesar la pregunta "¿Quién soy yo?" Eso era todo. Medita en eso y finalmente descubrirás tu verdadero yo.

Me quedé totalmente enamorado de Ramana Maharshi también. Hay un retrato muy famoso de él tomado poco antes de su muerte en la que su rostro brilla literalmente con la gracia y la bondad y la compasión. Puse esta foto en un pequeño altar simple en mi habitación en el ashram y todas las noches antes de dormir me siento simplemente a mirarlo. Y mientras lo miraba pensaba en todas las historias de su vida que había estado leyendo, y todas las anécdotas y las cosas que había dicho y luego, finalmente los ojos se me llenaban de lágrimas. Simplemente le adoraba y le amaba y sabía a ciencia cierta que era uno de los genuinos del tipo que había estado anhelando ver toda mi vida. ¡Lo bondadoso que era! Incluso los animales lo amaban y venían a él. Y de nuevo sentí un poco esa decepción que había sentido al hablar de Jesús, sintiendo ¡oh! ¿por qué nací un poco tarde para ir a ver a este hombre en persona y mirarle a los ojos?

Aquí estaba un perfecto iluminado cuya vida realmente se había solapado a la mía: ¡yo tenía cinco años de edad cuando murió! Mis quejas a mi Dios de la infancia parecían ser contestadas cada vez más, y cada vez más cerca. Dios no era tan tacaño después de todo. De hecho, al estudiar cada vez más las grandes enseñanzas, parecía que siempre ha habido una serie de seres verdaderamente iluminados en la tierra en un momento dado, y que de vez en cuando, según su antojo, Dios mismo ha tomado un cuerpo humano para visitar a su creación y enseñar a la gente el camino hacia su reino. Estaba descubriendo la verdad de las palabras de Jesús: "Buscad y encontraréis".

Estos dos maestros, Sri Ramakrishna y Ramana Maharshi, han representado dos de los grandes senderos en el ámbito de las enseñanzas del yoga: el bhakti yoga y el jnana yoga. Bhakti es el sendero del corazón, del amor y la devoción. Jnana es el sendero de la mente, de la discriminación y la indagación, de la meditación y el silencio de la mente. Corazón y mente. Los dos senderos principales.

El hombre en el sendero del corazón, simplemente ama a Dios. Él adora a su forma elegida de Dios, agita su incienso, ofrece comida y flores en su altar, canta los nombres de Dios y trata de ver a Dios en cada ser. A menudo se intoxica con su amor y entra en el estado llamado "bhav samadhi", la absorción completa en el amado hasta el punto de la unión real con el amado.

El hombre en el sendero de la mente sigue una línea diferente, pero igualmente eficaz, utilizando su mente para discriminar constantemente entre lo verdadero y lo falso, indagando profundamente en la fuente de la mente y la consciencia, y sentándose durante largas horas en quietud, silenciando la mente completamente y experimentando el puro estado de ser (seidad). Eventualmente puede entrar en ese estado de consciencia llamado "nirvikalpa samadhi", completa absorción en lo absoluto, el substrato de la seidad. En ese estado, pierde todo sentido de sí mismo como una entidad separada y sólo existe como absoluto, del que todo ha surgido.

Estos dos senderos son, quizás, la más antigua división en el acercamiento humano en la búsqueda de lo divino. Uno de ellos es adecuado para un tipo de naturaleza humana, el otro se adapta a otro tipo de naturaleza humana. Y en el hinduismo se aconseja elegir el sendero que es más parecido a la naturaleza de uno. Al tipo más emocional de persona el sendero del corazón podría ser el más rápido, mientras que el tipo de persona más intelectual y sobria probablemente sería atraída más por el sendero de la mente. Después de estudiar estas enseñanzas en profundidad parecía bastante natural que Swami Chidananda, el último preceptor de los fundadores de nuestro pequeño ashram, hiciera una dedicatoria formal en una visita que nos hizo y diera al ashram el nombre de "Bhakti Jnana Yoga Ashram". Dos senderos diferentes para la misma única meta. El corazón y la mente.

Entonces un día mi maestro vino y anunció que un gran maestro vendría a la ciudad de Nueva York, y que nos gustaría ir a verlo. Y dijo que daría varias charlas públicas en el Ayuntamiento de Nueva York, y proclamó que este hombre era uno de los verdaderamente auténticos maestros espirituales de la humanidad. Me mostró una foto del hombre en un folleto. El nombre del hombre era J. Krishnamurti.

Tuve una especie de deja vu. ¿Dónde había oído ese nombre antes? Entonces me acordé del libro con el que había estado forcejeando varios años antes y que le había prestado bastante poca atención. Aunque no había comprendido mucho en ese momento recordé haber sentido que había algo muy importante en sus palabras, aunque no pude captarlo en ese momento.

Krishnamurti de joven
Krishnamurti de joven

Con mucho gusto acordé con mi maestro que sin duda deberíamos ir a ver a este hombre, sin falta. Me sentí muy emocionado y empecé a buscar con interés el próximo evento. Me las arreglé para conseguir otro libro de Krishnamurti, así como un libro de bolsillo acerca de su vida: "Krishnamurti: Los Años del Despertar". Allí aprendí que Krishnamurti se había marchado de un grupo espiritual llamado la Sociedad Teosófica y había sido aclamado por ellos como el Instructor del Mundo desde los 13 años, cuando fue descubierto en la playa de Adyar, cerca de Madrás.

Su vida fue una historia increíble. Había indicios aquí y allá de que en realidad era la reencarnación del propio Buda. Sin embargo, en un discurso ya famoso en 1929 Krishnamurti renunció por completo a su posición como Instructor del Mundo y disolvió el grupo que había crecido a su alrededor, la Orden de la Estrella. Este discurso de Krishnamurti, llamado "La tierra sin caminos," se ha convertido, en el mundo espiritual, lo que la Declaración de la Independencia fue para el mundo político. Declaraba la libertad en los reinos espiritual y religioso, y negaba que hubiera algún camino fijado hacia la verdad y que no podía haber ninguna autoridad general en tales asuntos. Que la verdad era una tierra sin caminos y uno debe encontrar su propio camino por sí mismo.

Al leer estos libros en preparación para el gran evento esta vez las palabras de Krishnamurti no se limitaron a pasar desapercibidas como antes. Por un lado ya no estaba en una profunda depresión, sino que estaba viviendo una vida bastante feliz. Por otro lado, ya no estaba tan distraído preguntándome qué hacer con mi vida. Lo estaba haciendo. Había decidido que la búsqueda de la verdad era la cosa más importante y primordial que podía hacer con mi vida. Y por otro lado, todos los días de estudio de las enseñanzas hindúes me habían preparado más para reflexionar sobre los problemas fundamentales y los problemas de la vida, de Dios y del mundo. Finalmente, ya estaba preparado para Krishnamurti. Y más allá de eso, después de leer más de sus palabras y de su vida estaba absolutamente convencido de que aquí estaba otro de los verdaderamente auténticos seres "iluminados". Después de tantos años ¿habían sido respondidas totalmente mis plegarias infantiles? Después de esas primeras quejas a Dios acerca de que Jesús sólo vino una vez, y que no fui capaz de conocerlo en persona, ¿estaba a punto de ver un ser así en carne y hueso? ¿Alguien en el mismo nivel que Jesús? En el fondo sentía que así era. ¿Había escuchado Dios al niño que fui y me condujo año tras año a la respuesta de mis sueños? Mientras se acercaba el día empecé a estar seguro de esto. Sentí que salir a buscar a un iluminado e ir a verlo era una de las cosas más importantes y urgentes que uno puede hacer.

Finalmente llegó el día y varios de nosotros condujimos aproximadamente una hora hacia la ciudad de Nueva York. Aparcamos el coche y caminamos hasta el Ayuntamiento. Un montón de otros buscadores estaban reunidos alrededor de la puerta hablando con entusiasmo. Durante décadas después de su declaración de la libertad espiritual Krishnamurti había estado recorriendo el mundo una vez al año dando charlas en una amplia variedad de lugares. Él no permitía que ningún culto o religión fuera construido a su alrededor. Sólo había una organización para hacer frente a las cuestiones prácticas de organizar sus charlas y viajes y la publicación de sus libros. Desaconsejaba repetidamente a sus oyentes de ponerlo en un pedestal o adorarle de alguna manera. "El que habla [refiriéndose a sí mismo] no tiene importancia alguna", decía una y otra vez. Sólo la visión de la verdad era lo importante.

Pese a las reiteradas peticiones de Krishnamurti de no hacer un problema con su persona, yo, que soy humano, no podía evitar el preguntarme a mi mismo si podría ser realmente Maitreya, el Buda mismo encarnado en nuestros tiempos modernos. ¿Estaba a punto de poner mis ojos en un genuino avatar? Krishnaji, lo siento, no podía dejar de pensar en esto. Sé que tienes razón, son las enseñanzas y no el maestro lo que es importante, pero yo soy, en el fondo, un amante. Me gusta adorar y admirar y adorar. Mis héroes son todos aquellos que han llegado a la verdad última, y ​los pongo en un pedestal y los amo, a todos. No puedo evitarlo.

Había un emocionante murmullo expectante y rumores entre la multitud mientras tomábamos nuestros asientos. Finalmente, una figura delgada apareció por la derecha del escenario y se dirigió a una simple silla colocada en el centro del escenario. Fue un shock para mí desde el principio. Simplemente, nunca había visto a nadie antes caminar de esa manera. Inmediatamente el público se sumió en un instantáneo silencio cuando Krishnamurti tomaba su asiento. Es muy difícil de describir qué era lo que producía esta fuerte impresión sobre mí. Caminaba con una total elegancia y gracia y sobre todo una sensación de consciencia absoluta. Parecía estar completamente despierto y consciente. Uno sentía que él estaba dándose cuenta absoluta y completamente de todo. Más tarde me acordé de este sentimiento de conmoción que pasó por mí, sólo de verlo caminar sobre el escenario, y pensé que probablemente se trataba de mis emocionadas expectativas y de la alegría de por fin verlo, pero mucho más tarde en Suiza y otra vez en Ojai, California, tuve otras posibilidades de verlo simplemente caminando y de nuevo tuve el mismo tipo de impresiones. No era tanto el propio caminar, sino la conciencia total y estado de alerta con el que caminaba. El ver simplemente a alguien tan despierto es experimentar un ligero despertar en uno mismo.

Krishnamurti hablando en la India
Krishnamurti hablando en la India

Se sentó en silencio durante lo que pareció un tiempo muy largo, mirando sobre la audiencia. Se podría haber oído caer un alfiler, como si cada persona allí estuviera sosteniendo la respiración. Y entonces empezó a hablar. Habló durante una hora y media, respondiendo preguntas de la audiencia durante la última media hora, y a lo largo de todo el acto la audiencia estaba completamente tranquila. Si me preguntan ahora de qué habló o dijo tendría que responder honestamente que no tengo la más mínima idea ni memoria. Lo seguí todo el tiempo, pero para mí, personalmente, no fueron las palabras lo que me llevé, fue el presenciar, por primera vez en mi vida, a un ser humano existiendo completamente en un estado superior de consciencia. Sólo el mirarlo durante esa hora y media, sin restar valor a las palabras, era la respuesta a las oraciones del niño a mi Dios de la infancia el ver a un hombre completamente de otro orden. Después de esa "charla" nunca más tuve ninguna duda de que existe un estado superior o que un hombre puede alcanzar ese estado y morar en él. Nunca más tuve ninguna duda sobre si Krishnamurti era un iluminado o no. Y no tenía nada que ver con las palabras que él dijo, sino con la simple presencia de él, su semblante, y la forma de su discurso más que del contenido. Simplemente me di cuenta de que estaba siendo testigo de un hombre de otro orden, algo que nunca había presenciado antes, y si alguna vez había tenido alguna duda sobre mi decisión de abandonar un trabajo perfectamente bueno para convertirme en un buscador de la verdad, esas dudas se disiparon ese día en el Ayuntamiento. Sí Virginia, existe la iluminación.

Otra cosa curiosa ocurrió ese día mientras veía hablar a Krishnamurti. Yo no creo que pensara mucho en ello en ese día, pero mucho más tarde, después de asistir a muchas otras charlas de Krishnamurti y hablar con otras personas, me di cuenta de que lo que había experimentado era una ocurrencia común para muchas otras personas también. Era simplemente esto: por un rato durante la charla me pareció quedarme dormido. No dormido del todo, pero casi lo que podríamos llamar, supongo, una especie de trance. Fue una abrumadora sensación de silencio pacífico y de felicidad. Yo era consciente de su voz, como un arroyo, que fluye en el fondo, pero no me daba cuenta del significado de las palabras. Me esforcé por despertar, sintiéndome ridículamente avergonzado y sorprendido de que, después de esperar tanto tiempo para escucharlo hablar, yo estaba dormitando sin control. Era como si hubiera tomado un poderoso sedante. Después de unos diez minutos, de repente desapareció y yo estaba despierto y alerta como antes. ¿Qué era eso? En los años que siguieron, he hablado con muchas otras personas que tuvieron el mismo tipo de experiencia de vez en cuando al escucharlo hablar. He llegado a la conclusión de que se trataba simplemente de su "presencia". Tenía tal increíble poderosa presencia y conciencia que a veces esa bendición actuaba como un somnífero, induciendo un pacífico trance como de sueño en el oyente que estaba enfocado en él. Pienso en ello ahora como una especie de "efecto secundario no deseado" de la poderosa fuerza de su ser despertado. En 1971, mientras asistía a sus charlas en Gstaad, Suiza, solíamos reírnos de ello cada vez que alguien confesaba, abochornado, haberse dormido durante la charla. El efecto secundario no deseado había atacado de nuevo, la fuerza misteriosa de su misma presencia se había hecho cargo y había impedido que alguien se diera cuenta del significado de las palabras que él estaba tan seriamente tratando de hacer comprender. Finalmente decidí que el efecto secundario no deseado probablemente tenía un extraño beneficio por sí mismo.

Después de haber despertado de mi breve "siesta" estaba muy consciente, y cogí el tren de su pensamiento de nuevo. Entonces ocurrió otra cosa. Mientras estaba mirándole hablar en el escenario empecé a ver una especie de luz a su alrededor que se extendía hacia fuera, una luz blanca y ligeramente amarillenta. Una vez más perdí el hilo de lo que estaba diciendo, mirando a su rostro mientras que la luz parecía hacerse más y más brillante y extenderse hacia afuera cada vez más.

Sin duda, esto debe ser tan sólo un fenómeno ocular de los ojos causado por la mirada, pensé. No soy alguien que ve las auras alrededor de las personas o cosas por el estilo. Tal vez existan las auras de las personas, no lo sé, pero yo nunca las he visto. O tal vez debería decir, esta es la primera vez que vi una. De todos modos, de la práctica del yoga sabía que si uno mira algo fijamente por un largo periodo sucederán ciertos fenómenos como cambios de luz y de brillo y cosas así. Así que me decidí a probarlo, porque la luz que estaba viendo era muy brillante y muy fuerte, mucho más fuerte que cualquier fenómeno de los ojos que jamás había visto antes. Así que elegí un punto a un lado del escenario y me quedé mirando durante un rato, para ver qué pasaba. Nada en particular fue observado que no fueran los pequeños cambios de luz habituales que ya conocía. Después de un par de minutos volví mi mirada para ver su rostro de nuevo. Una vez más vi el halo blanco amarillento comenzando a crecer y extenderse, incluso más que antes. Repetí la prueba, con los mismos resultados. Entonces volví mi mirada hacia su rostro elegante y hermoso, tan completamente serio y tan despierto. Vamos a ver qué pasa, pensé.

Krishnamurti en Nueva Yourk 1971
Krishnamurti en Nueva York (1971)

La luz brillante a su alrededor seguía creciendo cuanto más miraba su rostro. Siguió creciendo hasta cubrir a la audiencia en la periferia de mi visión. Alcanzaba a lo alto, y a los lados, cubriendo las cortinas del escenario. Seguí mirando. ¿Es esta especie de luz que estoy viendo realmente existente y no sólo un fenómeno ocular? Finalmente, la luz parecía resplandecer por todo el campo que llenaba mi visión donde sólo quedaba su cabeza, en el centro del campo. Sólo este campo de blanco y amarillo, con su rostro perfectamente claro, colgando como si fuera incorpóreo en el centro del mismo. Mientras sucedía todo esto también estaba siguiendo lo que estaba diciendo y era muy peculiar, siguiendo las palabras de este rostro flotante en un campo de luz brillante. Después de mi comprobación me di cuenta de que estaba viendo en realidad una especie de luz superior muy hermosa que emanaba de este hombre. Se extendía lejos de su cuerpo y envolvía a todo el público, incluido yo mismo. Después de la charla pensé, hoy, de hecho, he sido testigo de algo nuevo por primera vez en mi vida. Esta es la clase de ser que había deseado ver toda mi vida. Y pensé, ¿es por eso que Jesús era representado a menudo con un halo de luz brillante?

Desde luego, no quiero dar a entender que hay algo particularmente importante en ver luz alrededor de alguien o en alguien que tiene una presencia poderosa que pueda inducir un trance en el oyente, o cualquier otra cosa. Yo sólo estoy informando de mi experiencia. El mismo Krishnamurti decía que todas estas cosas son triviales, no pierdas tu tiempo con ellas. Son las enseñanzas de estas personas lo que es importante, las enseñanzas sobre la verdad, sobre la vivencia de la vida, sobre comprendernos a nosotros mismos. Pero también tengo que admitir que, francamente, para un hombre joven que está empezando la búsqueda de la verdad a veces pequeñas experiencias como éstas parecen tener un significado. A veces sirven como una especie de confirmación de que, efectivamente, existen y suceden cosas, que están más allá de nuestra comprensión normal. Y, al hacerlo, podrían funcionar para mantenernos en el camino, para seguir investigando y cuestionando.

Para mí la experiencia de ver a Krishnamurti por primera vez fue una convicción feliz de que la iluminación es verdaderamente posible y que los estados de conciencia existen más allá de nuestro estado ordinario. Mi deseo de mi infancia de encontrarme con Jesús en persona se cumplió en cierta forma al ver a Krishnamurti, y me dio una gran alegría darme cuenta por fin de que un ser de la talla de Cristo no aparece una sola y única vez en toda la historia humana, sino que existen en toda la historia humana en una miríada de formas y situaciones, y que si uno verdaderamente busca, encontrará.

Hay mucho más de mi relato sobre el efecto e influencia de Krishnamurti en mi vida, pero voy a dejarlo para otro momento. Por ejemplo, yo había estado estudiando intensamente los senderos tradiciones de los santos y sabios hindúes antiguos y modernos, y los amaba y me sentía atraído por ellos. Pero Krishnamurti parece aconsejar que uno tiene que desechar todo lo que sabe o cree saber y empezar de nuevo con una pura indagación imparcial. Él rechaza la idea de la autoridad en el reino de la espiritualidad y de la religión. Señala que las prácticas religiosas a menudo son una mera repetición y la repetición en realidad hace que la mente se embote, y que simplemente aceptar alguna "verdad" o dogma únicamente sobre la base de alguna autoridad religiosa es un signo de que algo mucho más importante, la pura inteligencia, nos falta.

Y, de hecho, las enseñanzas de Krishnamurti finalmente me llevaron a una especie de crisis en el pequeño ashram en donde estaba alojado, después de lo cual dejé ese lugar. Mi maestro en ese momento comenzó a exigir una especie de obediencia ciega y sumisión que parecía estar en contradicción con lo que había aprendido de Krishnaji, y así, de mala gana y con mucho temor, me fui. Esos fueron algunos de los días más felices de mi vida, esos años en el Bhakti Jnana Yoga Ashram, pero finalmente llegó la hora de continuar mi búsqueda en otros lugares. No podía saber en ese momento que en el camino de mi vida otro hombre santo ya estaba esperando por mí, incluso dijo a otros que yo vendría algún día. La propia suerte y el destino, en retrospectiva, parece a veces misterioso y desconcertante, e incluso en ocasiones milagroso. Mi Dios de la infancia había respondido a mis fervientes oraciones ese día que me condujo a ver por primera vez a Krishnamurti, el primer ser iluminado verdadero en el que había puesto los ojos. Si Krishnamurti era en realidad un avatar o una encarnación de Maitreya o del Señor Buda es una cuestión académica y será mejor dejarla a los académicos (*). Para mí, verlo era una confirmación cierta de que la meta de la propia búsqueda existe, y que la verdad última puede ser alcanzada, y que cuando se consigue, brilla pura y simplemente.

 

(*) Notas del Traductor

  • Según fuentes esotéricas Krishnamurti estaba siendo preparado, durante su permanencia en la Sociedad Teosófica, dentro de un grupo de discípulos como un posible vehículo para que el Instructor del Mundo (también conocido como Maitreya Buda, el Cristo, Kalki Avatar, el Iman Mahdi) se manifestase a la humanidad como el avatar de la nueva era. Estos planes fueron cambiados y el propio Instructor del Mundo decidió que vendría Él mismo sin un intermediario en el momento oportuno. Krishnamurti se convirtió posteriormente en un gran maestro espiritual por derecho propio, pero la energía-conciencia de Maitreya (la presencia, el amado) no le abandonó durante toda su vida.
  • Este proceso de manifestación de la energía-conciencia de un Ser más evolucionado (un Avatar o Maestro de Sabiduría) a través de un ser menos evolucionado, generalmente un discípulo avanzado, se conoce como “adumbramiento” (overshadowing en inglés), y ha sido el método general utilizado por muchos avatares a lo largo de la historia. Es el procedimiento que utilizó el Cristo en Palestina para manifestar su energía-conciencia (el Principio Crístico) por medio de su discípulo Jesús los tres últimos años de su vida.
  • Es posible que la visión que narra el autor en este ensayo fuera causada por este adumbramiento de Maitreya sobre Krishnamurti durante la charla, como una bendición para la audiencia, que sólo unos pocos son capaces de percibir, ya sea porque se les concede esta visión o porque son sensibles a la energía de alguna manera.
  • Según estas mismas fuentes tanto Jesús como Krishnamurti eran iniciados de 4º grado dentro de la Jerarquía Espiritual de este planeta y Sri Ramakrishna, Vivekananda y Ramana Maharshi fueron Avatares.