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La comprensión es todo – Palabras en la no-dualidad

por Juan Carlos Savater
Juan Carlos Savater

Una comprensión final

"Una invisible y sutil esencia es el espíritu de todo el universo. Eso es la realidad. Eso es la verdad. Tú eres Eso."

Chandogya Upanishad

El conocimiento expresado de forma tan directa en esta célebre frase (mahavakya) de los Upanishad: Tú eres Eso, se ha ido transmitiendo en diversas culturas, desde tiempos muy remotos, siempre señalando, de modos diferentes, que verdaderamente somos Eso, la unicidad, la sola esencia, el uno sin segundo. Yo, tú, aquello, todo es Eso...Y Eso que se señala no es un concepto más. En nosotros se hace patente como una realidad en esta sensación de presencia consciente que somos, que todo lo abarca, en la que todo surge. Es un constante ser pero al mismo tiempo es un constante conocer. Es inefable, insondable, pura consciencia sin esfuerzo ni elección. La investigación en ese yo que creemos ser, la comprensión de que ese "yo soy" está en el mundo pero es la llave que abre la puerta fuera de él, la puerta de la unicidad y de lo eterno, constituye el corazón de este mensaje.

Aún adivinándose en la esencia de todas las principales tradiciones religiosas y aún habiendo sido intuido por muchos grandes pensadores, este no ha sido nunca un conocimiento mayoritario. Aún estando abierto a todos, no a todos interesa... Realmente podría decirse que es un conocimiento de muy poca utilidad, teniendo en cuenta las cosas que habitualmente solemos andar buscando... No da para mucho. Es simplemente un conocimiento final. Pero cuando se comprende, uno se da cuenta de que todas las otras búsquedas eran también una búsqueda de Eso.

Hay un sinfín de prácticas y mensajes que parecen tener ecos de este conocimiento. Se centran en ayudarnos a vivir más saludablemente, en purificarnos, en relajarnos, en hacernos meditar o vivir con más atención etc., nada de esto tiene realmente que ver con la comprensión de la que estoy hablando. Hay incluso quienes aparentemente comparten este mismo mensaje, pero entremezclado con tantos conceptos extraños e inútiles y tanta acumulación de tópicos, que uno no puede sino dudar de la real comprensión del que lo transmite... Nos auguran un futuro más espiritual para la humanidad o nos instan a esforzarnos en permanecer en la presencia, en el ahora o un montón de majaderías similares... Todo esto también se aleja irremediablemente del prístino conocimiento que estamos señalando y entra por completo en el terreno de las terapias, yogas y otros caminos de realización personal. Todos estos sistemas continúan siendo como sueños en los que se sueña con una perfección y un despertar. En el mensaje del que hablo no hay tantos adornos ni matices. Más allá de él no hay nada más y en él no podemos hacer ni no hacer nada... Sin embargo, si estamos imantados hacia él, es sencillo. Siempre termina encontrándonos y desplegándose en nosotros. Cuando esto sucede, ya no nos abandona jamás y aún continuando después el mundo igual, nada vuelve a ser lo mismo. Todo ya es adecuado. Es una comprensión final, misteriosamente insondable y maravillosa.

Tú eres eso

Desde el punto de referencia de la consciencia relativa, yo y el mundo estamos separados. Consciencia y existencia son diferentes. Algo puede existir independientemente de que tengamos consciencia de ello. De esta manera, despertamos cada mañana a un mundo en el que nos sucederán un montón de cosas y haremos otras tantas... Esta es la vida y su apariencia habitual. Sin embargo, desde el punto de vista de la pura consciencia, el cuerpo y el mundo (a través de él) surgen en ti cada mañana. Esta es la realidad y no a la inversa. Podríamos decir que todo acontece y se despliega a lo largo del día en ese espacio despierto que somos. Todo le debe su realidad a esa Realidad. Como las imágenes en el espejo... ¿Son reales? ¿Son ilusiones? ¿Podrían existir sin el espejo?...

A este estar despierto, a esta básica sensación de ser y conocer, a esta presencia consciente yo la estoy llamando pura consciencia, pero es simplemente un concepto, un nombre más. En realidad es algo completamente indefinible.

Conceptos como Dios o divinidad están ya tan sobrecargados con significados y tienen para nosotros tantas y tan diversas connotaciones, que es muy difícil utilizarlos con claridad en este tema y, aunque son fundamentales, me parece mejor limitarlos al terreno de la devoción personal. Hay un momento en que las dos vías tradicionales que nos enseñan Eso: el conocimiento y la devoción, se armonizan, y ya estas dos inclinaciones aparentemente contradictorias no nos causan problemas. En ese momento, conceptos en principio duales como Dios etc. adquieren un significado nuevo e incluso pueden ayudarnos también a señalar lo no-dual. Como todo lo que digamos estará siempre en el terreno conceptual y dual, una libre expresión de este conocimiento, será necesariamente contradictoria en algunos aspectos... El fundamentalismo en no-dualidad, lo único que manifiesta es un regreso a la mente y a la rigidez de los conceptos. Todo puede valer para señalar hacia nuestra verdadera naturaleza... Esta pura consciencia de la que hablamos, ha sido representada por muchos nombres y metáforas, según las preferencias de la época. Aun siendo muy sutil, está siempre a mano para ser degustada por los que la conocen y valoran. No es algo abstracto y neutro... ¿No puedes ver en este mismo momento, que la presencia consciente que eres, es una totalidad, por sí misma luminosa y viva?...

Sin embargo, como no es una cosa y sólo es una nada para el pensamiento, mejor no decir más sobre ella. Las consecuencias para nosotros de este Eso de los Upanishads o de esta "vacuidad cognoscente" del budismo, se podrían resumir en una sola frase: Este universo se resuelve a sí mismo. No hay, ni nunca hubo, una entidad, persona, ego o como se quiera llamar que sea real e independiente. Todo lo que creemos ser puede ir objetivándose hasta que sólo queda necesariamente el sujeto absoluto que es la pura consciencia.

Eso actúa y vive en nosotros, a través de nosotros y como nosotros. No hay nada más. Eso es todo. Desde nuestro punto de referencia limitado y condicionado todo parece incierto y caótico... Pero, ese mismo punto de referencia ¿No es una apariencia más en Eso? ¿Podremos fiarnos de sus conclusiones? Este cuerpo y mente son un conjunto más de pautas y ritmos determinados igual que una flor o un remolino en un arroyo... Cuando pensamos en nosotros y nos vemos como un yo en el mundo, no nos damos cuenta de que realmente sólo de vez en cuando a lo largo del día nos vemos así. El resto del tiempo todo ha sido verdaderamente como un río de experiencias y de vida impersonal que se ha ido desplegando y resolviendo por sí mismo... Ves constantemente antes del "yo veo", oyes constantemente antes del "yo oigo", haces constantemente antes del "yo hago"...

Este pensamiento que etiqueta algunas sensaciones o pensamientos o acciones, este punto de referencia que se va construyendo sobre la experiencia impersonal, es hasta un cierto límite necesario en el vivir, pero es también la puerta abierta al engaño. En cualquier caso, toda la belleza, la gracia, el amor y el poder de este gran universo, de esta vida, tiene un solo origen y un ser... Es un inefable océano de pura consciencia, aunque los requisitos de nuestro pensamiento nos induzcan a personalizar, más bien, todas esas cualidades.

Muchos dirán que este puro ser o conocer del que estoy hablando, está sólo en nuestra cabeza y que tendrá un final con este cuerpo y esta mente... Pero incluso esta misma afirmación ¿podría concebirse y formularse sin la consciencia? ¿Dónde aparecen tanto el cuerpo como los pensamientos?... ¿Qué los ilumina?... Es inconcebible algo fuera de Eso. Incluso la inconsciencia absoluta nos es inconcebible porque sólo es un concepto dentro de esta consciente y constante realidad. Que desaparecemos en una nada tras la muerte y todo lo que ese planteamiento implica: realidad del yo, del mundo, del tiempo etc. es una teoría exotérica o una explicación tan fantástica como la del cielo y el infierno o la de la reencarnación, pero careciendo del consuelo moral de estas últimas.

Este modelo determinado se romperá y se reabsorberá nuevamente en su origen, pero donde este modelo se está manifestando, lo que le hace vivir y conocer ¿tiene algo que ver con el tiempo? Los Upanishads muy bellamente señalan que el hombre sumido en el sueño profundo (o en éxtasis o samadhi) está "perdido en Sí-Mismo". La reflexión y la intuición sobre qué somos durante lo que son llamados tradicionalmente los tres estados de consciencia (vigilia, sueño y sueño profundo o sin sueños) pueden también ayudarnos mucho en esta comprensión de la vida y la muerte. Cuando esta más alta realidad es reconocida como siendo la base inmutable de los tres estados de consciencia, podemos sondear que no puede haber real nacimiento ni muerte, ni principio ni fin en lo que somos. Por propia experiencia, si tratamos de recordar el principio de este "yo soy", no podemos acordarnos... Si pensamos en su final, sólo podremos hacerlo desde una suposición y con la ayuda de la imaginación... No hay más realidad que esta constantemente presente pura consciencia sin esfuerzo ni elección. La realidad de la vida (vigilia) es similar a la de un sueño. También los sueños son "reales" durante el soñar aunque ahora nos parezcan breves locuras. Todo son fenómenos y apariencias, pautas y ritmos... yo no estoy excluido de Eso. Soy una apariencia más en Eso...

"...desde Brahma a la brizna de hierba..."

La comprensión es todo

Todos podemos llegar a ver con más o menos claridad que realmente, más bien "somos vividos por la vida" que a la inversa. Que la creencia en que somos entidades completamente independientes y autónomas no es cierta y nos puede llegar a crear enormes problemas. Que ese punto de referencia está necesariamente basado en recuerdos del pasado y nunca en la realidad de lo que es. Que somos realmente esa sola esencia... Incluso podemos llegar a comprender con claridad que nosotros mismos solemos construirnos nuestras propias prisiones y a continuación nos inventamos también los caminos de liberación o de iluminación... Sin embargo, la mayoría de las veces, aún habiendo comprendido todo esto, continuamos enredados y buscando una luz y una salida. No alcanzamos la convicción suficiente para dejarnos vivir... Aún esperamos algo más y mejor...

Desde luego si hemos estado interesados en estos asuntos algún tiempo, habremos escuchado todas estas verdades un montón de veces. Tal vez demasiadas... Pero una sola vez se comprenderán y darán en la diana. Así es el juego. Tal vez la tontería más dañina que se suele decir en este tema (y que muchos, en un momento u otro, hemos compartido) es la de que hay una comprensión verdadera y otra falsa o "intelectual" (como si pudiera haber también otras comprensiones "nasales" o "auditivas" etc.). Esta suele ser la última cadena que arrastran en su errar sin fin los buscadores. Es su último refugio desesperado para continuar buscando. También es el arma más afilada que suelen esgrimir los que se dedican a vivir de la enseñanza de largos y arduos caminos de iluminación...

Todo conocimiento sucede en el intelecto. Algunos temas requieren un tipo de comprensión y otros, otra muy diferente. En este caso, se está señalando hacia algo que no es un objeto y que debe conocerse de manera directa en la propia experiencia. Sólo hay una comprensión o un conocimiento de algo. O se comprende y se conoce, o no se comprende y no se conoce. No hay comprensión de primera y de segunda. Es evidente que, en este tema, a una mera memorización de frases y conceptos que no somos capaces de conectar con nuestra propia vida y experiencia, no le podemos llamar conocimiento. No se ha comprendido aún el meollo del asunto y por lo tanto, aún no se ha comprendido nada.

Cuando hacemos hincapié en etiquetar una comprensión de "intelectual", estamos sutilmente complicando el acceso a ese ver directamente toda esta historia, es decir: a la única comprensión posible. Por otro lado, ese planteamiento del comprender válido y no válido, está sugiriendo, más o menos tácitamente, la necesidad de un estado de consciencia o un acontecimiento excepcional que debemos lograr o debe acontecer. Nada de esto es cierto y nunca lo fue, aunque sea parte fundamental de las leyendas de la espiritualidad. Inmersos en esta legendaria búsqueda, terminamos adorando al que transmite el mensaje y a la práctica que supuestamente nos llevará hasta su "altura", y llegamos a olvidarnos completamente de lo único importante, el mensaje que nos decía que ya éramos Eso. Nunca ha sido imprescindible ningún tipo de estado especial de consciencia, para comprender y conocer lo que somos. Lo que somos es ya el Ser y con pensamiento: somos y sin pensamiento: somos. En el conocido ejemplo del Vedanta de la serpiente y la cuerda: cuando se ve serpiente, hay cuerda y cuando no se ve serpiente, también hay cuerda. Respecto a dividir el conocimiento en válido e "intelectual", cuando comprendemos que lo que creíamos una serpiente era realmente una cuerda, lo comprendemos y punto. No hay una comprensión "intelectual" y luego viene la "buena"... Tal vez incluso después, no seamos capaces de ver el aspecto de la cuerda con claridad y hasta que la ilumine la luz del amanecer, continuemos imaginando a veces el sinuoso y temible cuerpo de la serpiente, pero no volveremos a creer en su realidad. Ya no tendremos miedo.

"La comprensión es todo".

No habrá nunca nadie que pueda conocer jamás lo que somos. Sólo es posible una investigación y una comprensión de todo este asunto que pone un punto final y a consecuencia de esto, un dejar Eso ser. Cuando aparentemente, con el vivir, se va profundizando, podríamos llamar a este último tramo, sencillamente convicción. Muchos de los que se enfrentan a una supuesta comprensión intelectual lo hacen porque consideran que esta pura consciencia está donde no hay pensamiento. Que podemos permanecer en ella o "perderla" según estemos o no enredados en la mente...

El pensamiento y la experiencia son también Eso, pero Eso no es solamente pensamiento y experiencia. El pensamiento y la experiencia surgen y desaparecen, se resuelven por sí mismos. Solamente ese bucle en el pensar, ese punto de referencia, puede aparentemente dividir y crear todos los problemas...

La pura consciencia no puede ser obscurecida ni por el pensamiento, ni por los condicionamientos, ni por las tendencias personales etc. y cuando todo esto se acaba, simplemente se acaba la vida. Aunque podamos comparar todas estas cosas con nubes que cubren el sol, no debemos olvidar que es el propio sol con su calor lo que está creando las nubes...

Este énfasis en solamente comprender y conocer, no es una novedad dentro de la historia de este mensaje. Ha estado siempre presente en todas las tradiciones... Siempre ha existido una controversia constante entre los que creen necesario "limpiar el polvo del espejo" y los que han visto que "no hay realmente un lugar donde el polvo pueda acumularse"... Por desgracia, este segundo mensaje, más verdadero y profundo, nos suele llegar ya convenientemente domesticado y "convenientemente explicado" por los partidarios del primero que siempre suelen ser los que se encargan de "administrarlo"...

Tras escuchar este mensaje y, si somos atraídos por él, reflexionar y comprobarlo en nuestra propia experiencia, el último paso se va dando sólo. Reconocemos esa resistencia a lo que es. Nos vamos acostumbrando a no creer en ese yo, a no tomarlo en serio. Lo abandonamos completamente a su suerte. Vamos aprendiendo a apreciar más y más las sutilezas de Eso...

Alguien se quejó ante el maestro zen Bankei: "No dudo que, desde el origen, los pensamientos ilusorios no existen; pero el fluir de mis pensamientos no se detiene ni por un momento y es imposible para mí poder realizar lo Nonato (el concepto empleado por Bankei para señalar Eso). El maestro contestó: "Cuando llegaste a este mundo, sólo había lo Nonato. Sin embargo, al crecer, fuiste copiando las actitudes ignorantes que viste a tu alrededor, de manera que, pasado el tiempo, te acostumbraste a estar engañado y la ilusión ganó la partida. Originalmente, en tu yo innato, no existen los pensamientos, por lo que para la mente que afirma y tiene fe en su propia Nonata Budeidad, los pensamientos simplemente desaparecen.

Es como un hombre al que le gusta mucho el vino hasta que le sienta mal y tiene que dejar de beber. Si se encuentra en una situación en la que se sirve vino, le puede venir la idea de beber, pero como no bebe, ni se pone enfermo ni se emborracha. Es un abstemio incluso aún teniendo pensamientos de beber y acaba siendo un hombre sano. Los pensamientos ilusorios son así también. Cuando simplemente los dejas surgir y cesar, entonces, antes de que te des cuenta, desaparecerán en lo Nonato".