Ruta de Sección: Inicio > Extractos > "Yo y el Padre somos uno"

Textos Advaita - John Martin Sahayananda

"Yo y el Padre somos uno"

Semejanzas entre la visión védica y la visión de Cristo

Por John Martin Sahayananda Extracto del libro: el ganges y el jordán confluyen
Tú eres la Luz

Hay dos importantes visiones espirituales que se pueden hermanar fácilmente: la védica y la de Cristo. Y si ambas se aúnan entonces más de la mitad de la población del mundo estaría unida. Un asunto extraordinario por el que trabajar y confiar en su resultado. Digo la visión védica, no el hinduismo, porque este último no es una única religión sino la agrupación de muchas. Hay muchos sistemas de creencias en seno del hinduismo, y todos se autodenominan hindúes, y todos se basan en la interpretación de los Vedas y del Bhagavad Gita. También digo la visión de Cristo, y no del cristianismo, porque este no es una sola religión sino también la agrupación de muchas religiones. Hay miles de denominaciones cristianas y sistemas de creencias dentro de la etiqueta de cristianismo, todas se autodenominan cristianas y se basan en la interpretación de las mismas escrituras.

Señalo tres argumentos que guían este artículo:

  • Cada visión espiritual contiene en sí misma la Verdad
  • No hay necesidad de hacer préstamos provenientes de otras tradiciones
  • El encuentro con otra tradición ayuda a tomar conciencia de los propios tesoros ocultos desconocidos

Respecto a la visión védica, hay cuatro Vedas, y los Upanishads son la culminación de los Vedas, por eso se les denomina Vedanta, el fin de los Vedas, el fin de la búsqueda. El Bhagavad Gita corresponde a este último periodo y aporta su propia contribución a la visión védica; a esta visión védica también se la conoce por sanathana dharma, la religión eterna.

Jesucristo denominó a su visión el reino de Dios, y es similar a sanathana dharma. El reino de Dios es la experiencia de la presencia universal de Dios y la realización de la unidad del fundamento de la conciencia humana con la conciencia divina. Es la transformación de la vida propia en la vida de Dios, y las acciones propias en las acciones de Dios. Los autores del Nuevo testamento presentan la visión de Cristo según su propia comprensión e interpretación. En este capítulo voy a resumir las semejanzas entre estas dos visiones y en el siguiente abordaré las diferencias.

En mi análisis he encontrado semejanzas (*) sorprendentes entre la visión védica y la visión de Cristo. Hay que tener en cuenta que los Upanishads se datan 500 años antes del nacimiento de Cristo.

* (En este extracto sólo se señalan unas pocas semejanzas. Remitmos a los lectores al libro para obtener la versión completa.)
 

Dios o Brahman es conciencia no-dual / Dios es amor

El Aitereya Upanishad dice: prajnamam brahma; es una de las mahavakyas, o grandes afirmaciones. Brahman es conciencia no-dual, no hay nada fuera de Brahman. Lo equivalente en el Nuevo testamento es la expresión "Dios es amor" (1 Jn. 4.8). El amor es conciencia no-dual, que abarca a todas las cosas y todas las personas. No hay nada fuera de esta conciencia de amor que todo lo incluye. Es la conciencia de unidad. Incluso aunque los Upanishads enfatizan en el aspecto impersonal de Brahman, el Bhagavad Gita le aporta un ingrediente personal, llamándole purushottama, persona suprema. Jesucristo tuvo la experiencia de un Dios personal, como purushottama, persona suprema. Dios es amor, que significa Dios es la persona suprema.

Atman es Brahman / El Padre y yo somos uno

La indagación más profunda de la sabiduría védica es que Atman, la base de la conciencia humana, es una con Brahman, el fundamento del universo. Ayam atma brahma, este Atman es Brahman. La conciencia humana no es solo la manifestación de Dios en el tiempo y el espacio, sino que en última instancia es una con Dios. Hay que darse cuenta que Atman no es el alma humana, esta se denomina jivatman. Atman es idéntico a Dios.

Jesucristo también tuvo una experiencia similar cuando declaró: "Yo y el Padre somos uno". El Padre es el fundamento del universo (Brahman) y el "Yo" de Jesucristo (no su "yo" inferior) es el fundamento de la conciencia humana (Atman). En última instancia son uno. La tradición judía creía en un Dios creador y concebía a los seres humanos como criaturas de Dios, por tanto esta afirmación de Jesús trajo consigo una reacción muy fuerte por parte de las autoridades espirituales judías porque la consideraron blasfema. Jesucristo se negó a retractarse de su afirmación y tuvo que enfrentarse a la muerte en la cruz. Sin embargo, sus afirmaciones hubieran sido totalmente aceptables en la tradición védica.

Aham brahma asmi / Yo soy la luz del mundo

Aham brahma asmi, Yo soy Brahman, y tat tvam asi, Tú eres Eso (Brahman) son las otras dos mahavakyas o grandes declaraciones de los Upanishads. Este aham, "Yo", que dice "Yo soy Brahman" no es la conciencia humana limitada o finita. Es el "Yo" de lo divino. Es Dios quien dice "Yo soy Brahman o Dios". Cuando una conciencia humana se da cuenta que Dios es el fundamento de su conciencia entonces puede decir "Yo soy Brahman o Dios". Otra manera de decirlo es: "mi Yo infinito, eterno o real, es Brahman o Dios". Cuando una persona se da cuenta que su "Yo" real es Brahman, también se da cuenta que el "Tú" real o eterno de cada individuo es también Brahman o Dios. Entonces dice: tat tvam asi, Tú eres Eso (Brahman o Dios). Estas dos mahavakyas o grandes afirmaciones se complementan. Una sin la otra pueden crear un apartheid espiritual.

Jesucristo también hizo dos afirmaciones similares a estas dos mahavakyas: "Yo soy la luz del mundo" y "Vosotros sois la luz del mundo". Solo hay un Dios o una realidad eterna. Por tanto solo Dios puede ser la luz del mundo. El "Yo" de Jesús que dice "Yo soy la luz del mundo" no es el "yo" humano limitado. Es el "Yo" identificado con Dios. Jesucristo se dio cuenta de que el fundamento de su conciencia humana era el ser una con Dios. En esta experiencia también se dio cuenta de que el fundamento de la conciencia de todos los humanos era Dios. Invitó a todo el mundo a darse cuenta de esta verdad, por tanto dijo: "Vosotros sois la luz del mundo". El "Vosotros" a que se refiere Jesús no es el "vosotros" humano finito o limitado. Es el "Vosotros" divino, la lámpara oculta bajo la vasija de la ignorancia. "Yo soy Brahman" y "Tú eres Brahman" constituye la buena nueva de la tradición védica, y también "Yo soy la luz del mundo" y "Vosotros sois la luz del mundo" constituye la buena nueva de Jesucristo.

Amor es sabiduría manifestada en acción

Los primeros Upanishads se centraron mucho en el camino de sabiduría, experimentando la identidad de Atman con Brahman. Posteriormente el Svetasvathara Upanishad habla de la faceta personal de Dios, de la devoción a Dios y de la gracia de Dios. En el Isa Upanishad se refiere a la necesidad de aunar sabiduría y acción. El Baghavad Gita toma estos tres caminos de jnana (sabiduría), bhakti (devoción) y karma (acción) y los desarrolla. Mientras los Upanishads generalmente presentan a Dios como impersonal, el Baghavad Gita lo presenta como una persona suprema, purushottama, que toma la iniciativa y entra en el mundo para establecer la justicia y para la salvación de la gente. Dios entra en relación personal con la gente. En cualquiera de las maneras que la gente venera a Dios, de esa misma manera Dios las acepta. Visto así es maravilloso. Abre la puerta para la visión integradora de todos los caminos espirituales. El Baghavad Gita nos presenta al amor como el ideal más alto. Amor es sabiduría manifestada en acción. Este ideal se refleja en la relación entre Krishna y Arjuna. Krishna representa la sabiduría; él no actúa, no lucha. Arjuna representa la acción; tiene que luchar. Pero las acciones de Arjuna provienen de la sabiduría, de Krishna. Krishna (sabiduría) le dice a Arjuna (actor) lo que hay que hacer. Krishna ama a Arjuna y Arjuna ama a Krishna. Ambos montan en el mismo carro y son inseparables. Se puede decir que el amor es la síntesis y la culminación de la visión védica.

El amor es el ideal supremo de Jesucristo. Juan nos dice que Dios es amor. El reino de Dios representa el ideal espiritual de Jesucristo. Es cien por cien amor a Dios y cien por cien amor al prójimo. El amor a Dios es sabiduría y amor al prójimo es acción. El reino de Dios es el amor a Dios manifestado en acción. Aquí la sabiduría es la experiencia de la unidad con Dios: "el Padre y yo somos uno". Esto representa cien por cien amor a Dios. La acción es el amor a Dios manifestado en el amor al prójimo. Jesús dijo: "lo que hagáis al más pequeño de mis hermanos y hermanas me lo hacéis a mí". Esto es cien por cien amor al prójimo. Nuestra evolución espiritual no termina con la experiencia de unidad con Dios, sino que tiene que manifestarse en acción, en el amor al prójimo, en las relaciones humanas.

ir a inicio   ir a sección   ir arriba Libros  | Extractos  | Recomendados RSSFacebookTwitter