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Libros Advaita - Douglas Harding

vivir sin cabeza
una experiencia zen

Vivir sin cabeza

Detalles del libro:

Título: VIVIR SIN CABEZA
Subtítulo: Una experiencia Zen
Título Original: On having no head
Autor: Douglas E. Harding
Nº de páginas: 120
Editorial: Kairós
Año de edición: Segunda edición: Junio 2000
ISBN: 84-7245-286-7

Descripción:

"La razón, la imaginación, el parloteo mental, todo se desvaneció. Olvidé mi nombre, mi humanidad, mi substancialidad, cualquier cosa que pudiera llamar yo o mío. Era como si hubiese nacido en aquel instante, sin mente, inocente de cualquier recuerdo. Sólo existía ahora, y bastaba con mirar. Había perdido una cabeza y había ganado un mundo".

Vivir sin cabeza es ya una verdadera obra clásica. Pocas veces un autor ha conseguido componer un texto con unas ideas —y unas imágenes— tan impactantes. La experiencia de haber trascendido el ego, a la que todos los místicos aspiran, se confunde aquí con la sensación de "vivir sin cabeza": una forma instantánea de "despertar", una súbita toma de conciencia de la unidad de uno mismo con el mundo.

Vivir sin cabeza describe la experiencia central del budismo Zen, pero incluye también paralelismos con otras tradiciones. Como escribe Huston Smith en el prólogo, Anatta, el no-yo, no es sólo la clave del budismo; lo es también de toda vida profunda. Ya el Maestro Eckhart escribió que "cuando menos uno se es, más Uno hay".

Vivir sin cabeza es, en suma, un impresionante documento, lleno de precisión; un relámpago dirigido a nuestra intuición, y que alcanza hasta los rincones más comunes de nuestra vida cotidiana.

D. E. Harding es famoso en todo el mundo como "el hombre sin cabeza". Ha compaginado su actividad como arquitecto con la enseñanza de Religiones Comparadas en la Universidad de Cambridge. Autor de varios libros de religión y filosofía, su contribución más definitiva sigue siendo Vivir sin cabeza.

Prólogo

La mejor manera de presentar al lector la edición revisada de este libro, es contar cómo llegó a mis manos su primera edición.

De vuelta de unas conferencias universitarias en Australia, en 1961, había programado una etapa en Bangkok para discutir con John Blofeld sus traducciones de Las enseñanzas Zen de Huang Po y Las enseñanzas Zen de Hui Hai, recientemente publicadas. Casi no habíamos tenido tiempo de iniciar nuestra charla cuando, en relación a algo que yo había señalado, tomó un delgado volumen que estaba sobre una mesa de mimbre, del que dijo que había llegado a sus manos como caído del cielo la semana anterior; era el libro que tenemos entre manos. No recuerdo con qué objeto lo citaba, pero sí el entusiasmo que sentía por la obra. No tengo ni idea de quién es ese tal Harding, dijo: Por lo que sé, igual podría ser un taxista londinense. Pero da en el clavo.

Al día siguiente, cuando fui a despedirme de él, Blofeld volvió a coger el libro, pero esta vez insistiendo que me lo llevase para leerlo durante el viaje. Ya entonces mi curiosidad era tanta que ni siquiera me molesté en dar a entender que su generosidad me parecía excesiva, así que tuve ocasión de comprobar su opinión volando sobre el Pacífico. Era acertada. Sin duda, Harding daba en el clavo.

Quizás su magia no tenga efectos para todo el mundo; uno nunca puede estar seguro de que las palabras vayan a producir los efectos esperados. Pero no conozco ningún otro texto que posea la concisión del primer capítulo de este libro, con tantas posibilidades de poner en otra onda la percepción del lector. Y por una razón muy clara. La intuición deriva de las imágenes, antes que de los razonamientos, y la imagen que Harding encontró tiene fuerza: No tengo cabeza. De momento parece extravagante, pero el autor reitera la afirmación, dándole vueltas, volviendo a ella una y otra vez, hasta que (como en estos koans que de momento parecen absurdos) se rompe una barrera y vemos, no algo diferente, sino de otra manera.

Acaso por haber leído por primera vez este libro en un avión, mi mente llevó a cabo otro viaje aéreo, en el que me encontré sentado junto a una diminuta dama de cabellos blancos que, pese a tener sus ochenta años, volaba por primera vez. No era muy habladora, pero de repente, cuando estábamos a 32.000 pies por encima de los Grand Rapids, se volvió hacia mí y me preguntó sin inmutarse lo más mínimo: ¿Por qué nos hemos parado?. Yo salté en mi asiento y casi inmediatamente, sonriendo por su ingenuidad, me relajé. Pero ya no exactamente en el mismo estado que antes de la interrupción. Precipitarse a través del espacio sin signos aparentes de sonido o movimiento ya no era algo común y corriente. De nuevo el mundo brillaba con la luz del milagro y se hallaba lleno de sorpresas.

Si, como Don Juan, el chamán yaqui de Castaneda, para ver de verdad debemos parar el mundo en su girar rutinario, la pregunta inesperada de mi compañera de viaje sobre Michigan y la inesperada afirmación de Harding sobre el Pacífico -¡No tengo cabeza!- produjeron en mí exactamente esto.

Esta edición revisada conlleva varias mejoras. El ámbito del libro ha sido ampliado para incluir, además de las budistas, otras referencias paralelas y un capítulo final —La Vía Sin Cabeza— que relaciona la idea central del libro con la vida cotidiana, pero la idea misma central sigue siendo. Anatta, no-sí mismo (léase: no individualidad permanente) no es sólo la clave del budismo; correctamente entendida, es la clave de toda vida. Eckhart escribió: Cuando menos uno se es, más Uno hay.

Lo comprendemos por intuición; sabemos que vemos mejor cuando dejamos de mirar con nuestra propia mirada. Es una de esas cosas que sabemos pero que nunca aprendemos, y que es preciso que nos recuerden de vez en cuando. Y todavía mejor, es preciso que se nos presente siempre bajo formas nuevas, que es lo que este libro pretende.

Pensemos en Harding como un roshi de incógnito que nos aborda, un maestro disfrazado de libro. Para ser buenos alumnos hay que estar preparados a fin de obtener enseñanzas de toda procedencia.

Huston Smith
Profesor de filosofía
Universidad de Hamline
Saint Paul, Minnesota

Comentario: "Vivir sin cabeza"

Aquí nos encontramos con el libro clásico de D. Harding y, hasta el año pasado, el único publicado en español. Son, evidentemente, dos ediciones distintas del mismo libro. La de Kairós que ya va por la tercera edición, y la de Sanz y Torres en su colección Ignitus. La única, pero fundamental diferencia es la de la traducción, llevada a cabo en Ignitus de la mano de Pedro Rodea lo que a nuestro entender es signo inequívoco de calidad porque los pequeños matices no son únicamente de diferencia de estilo, sino porque están inspirados por un comprehensor. Nada más publicarse, en el 2010, la edición de Ignitus comparamos las dos traducciones y las diferencias comienzan ya en el título del libro y en los títulos y subtítulos de los capítulos. No vamos a entrar en pequeños detalles porque la razón fundamental por la que nos inclinamos ya está dicha, por lo demás los dos siguen la misma estructura, incorporan los mismos dibujitos y solo Ignitus añade al final una bibliografía de D. Harding y una serie de direcciones web que en la edición de Kairós no existe.

En cuanto a la obra nos encontramos con un prólogo de Huston Smith y un prefacio de Gene R. Thursby, ambos profesores universitarios de filosofía y religión. También tienen en común que son muy breves y recalcan que el libro no es especialmente intelectual, ni religioso, sino una propuesta para "ser nuestro propio jefe" y realizar nuestros propios descubrimientos.

El corpus del libro lo componen cuatro capítulos constando el último de ocho subcapítulos. Los cuatro capítulos vienen precedidos de breves consignas de maestros y sabios de muy diversas tradiciones: Rumi, Sta. Teresa de Jesús, Kabir, Shen-Hui, Sankara, Plotino, etc. nos hacen una idea de la riqueza de fuentes, y también de que Harding encontró la equivalencia de su visión allí donde la sabiduría ha sido reflejada. (Las diferencias de traducción se nota incluso en estas citas).

En el primer capítulo D. Harding nos relata el descubrimiento de la visión en ese señalado día en los Himalayas. En el segundo las conclusiones que él mismo va desgranando de la comprensión de ese descubrimiento. El tercero trata de su descubrimiento del Zen. Y el cuarto de las ocho etapas de esa "vía sin cabeza". Por supuesto este último es el más extenso y el verdadero centro del libro. En esta obra ya descubrimos el talento innato de D. Harding para la comunicación, en este caso escrita, y una gran habilidad en el manejo del lenguaje. El uso de expresiones típicamente inglesas que obligan al traductor a explicarse en notas al pie nos muestra también sus grandes dosis de ingenio, ironía y humor. Al fin y al cabo hay que estar dotado de un talante muy especial para tratar este tema ―no tener cabeza― de la manera en que él lo hace, y que te tomen mínimamente en serio.

El libro termina con un "posdata" en el que se habla de la falta de estructura organizada por seguir esta vía y remite a una dirección particular para la información sobre talleres.

Vivir sin cabeza es sin lugar a dudas el libro de referencia de D. Harding y posiblemente el primero y más recomendable a leer. Es muy breve, poco más de cien páginas, constituye la introducción a esta particular vía y enseguida veremos si nos deja indiferentes o, por el contrario, nos muestra una posibilidad asombrosa de comprender instantáneamente que "el vidente único en todos los seres" se halla justo desde donde se está mirando ahora mismo estas palabras. Uno de tantos milagros que pasa desapercibido.

Recensión por José Manuel Lagunas

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