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Charlas Advaita - Alan Watts

La filosofía de la naturaleza

por Alan Watts
Alan Watts

El budismo mahayana fue la principal aportación de la India a la civilización asiática, y básicamente, es una actitud ante la vida basada en la completa ausencia de miedo que podríamos llamar "no aferrarse a las cosas". Está basado en la comprensión de que nosotros no somos únicamente nuestro organismo, nuestro cuerpo físico, o nuestra propia psique particularizada, sino que, aunque no lo sepamos conscientemente (de la misma manera que conscientemente no sabemos cómo hacer que nos crezca el cabello), somos fundamentalmente realidad que está más allá de cualquier limitación de tiempo y espacio; somos ello. Somos lo que es.

Los hindúes cuentan con un símbolo para esto, que llaman brahman, el atman, el yo. Los budistas simplemente modifican lo anterior diciendo que si se tiene un símbolo de ello, que es algo en lo que se cree ―o como diríamos creer en Dios, o en el cielo, o en la vida después de la muerte, o en nuestra alma inmortal―, el mismo hecho de creer sigue siendo un acto de apego o de aferrarse, lo cual es innecesario.

Y así, una cosa innecesaria es algo para lo que en zen tienen una frase maravillosa: "Poner patas a una serpiente". Las patas molestarían a la serpiente, pues no las necesita. De esta manera, los budistas han desarrollado una religión de la no religión, es decir, que no creen en nada en absoluto; no porque crean que la realidad es la nada, sino porque creer resulta innecesario. Es ponerle patas a la serpiente...

 

La ventaja con que cuenta el budismo es que no tiene opiniones que trate de imponer sobre los demás. Sólo trata de ayudar a que nos deshagamos de las opiniones. Es decir, deshacernos de cualquier punto de vista fijo sobre el mundo y sobre nosotros mismos, porque nosotros usamos lo que se llama perspectivas o puntos de vista, drish-ti en sánscrito, como métodos de aferramos a la existencia. En sánscrito existe algo llamado sa-kaya-dris-ti, que significa "perspectiva de separación". El ver el propio ser, eso de lo que hablaba, como el recipiente de experiencia insular y separado.

Decimos: "tú tienes sentimientos". Pero el lenguaje que hablamos nos compele a decir tienes sentimientos, como si fuese algo que está por un lado, y tus sentimientos algo diferente por otro. Tú tienes pensamientos, como si el pensador estuviera por una parte e inspeccionase los pensamientos por otra. Así sucede que se tiene una visión de la vida en la que existe un panorama de pensamientos, sentimientos y sensaciones que no dejan de fluir constantemente, pero podemos decir constantemente a causa de la impresión de que eres diferente de ellos, como si estuvieras aparte de ellos, en el papel de constante inspector de la procesión. Así se tiene la sensación de perdurar, pero de una manera precaria, amenazante, mientras que la procesión de pensamientos y sentimientos sigue.

Fácilmente puede verse que ése es el resultado del proceso de la memoria, que da la ilusión de flujo constante, y por tanto, de la misma manera que en la famosa analogía budista, que habla de que cuando se hace girar un tizón en la oscuridad, se tiene la ilusión de un continuo círculo de fuego a causa de la memoria de la retina, en la cual la impresión de la chispa no se borra inmediatamente, sino que tarda en marcharse. Y así, al ver eso frente a los ojos parece que conforma un círculo, mientras que no existe círculo alguno. Sólo un momento, un instante de llama. Por ello los budistas dicen que sólo existe ese momento. Y lo cierto es que usted, que está en la puerta, no es la misma persona que está aquí sentada. Igual que en el remolino de agua, no hay agua constantemente, sólo existe un comportamiento continuo, que arremolina el agua, pero no hay agua en ello. Exactamente de la misma forma, usted, que ha entrado por la puerta hace unos minutos, y que ahora se sienta aquí, son completamente diferentes, sólo es usted el que se aferra a la idea de su propia continuidad.

En realidad, sólo existe el momento, el instante, lo que en sánscrito se denomina ksana; la vida es instantánea. Y si lo ven así se consigue una especie de nuevo ángulo sobre el famoso pronunciamiento de san Pablo, en el que afirma que la mañana en que suenen las trompetas todos seremos cambiados en un instante, en el parpadeo de un ojo. Ya ven, los cristianos lo ponen todo con cronología: que habrá algo llamado último día, y que las trompetas de los ángeles despertarán a los muertos.

Para los budistas, las trompetas de los ángeles suenan ahora. ¡Despertad! ¡Sólo existe este momento! Y este momento es la eternidad. Sólo somos nosotros los que unimos todos esos momentos, creando el tiempo fuera de la eternidad. Nos hacemos preguntas, nos identificamos con nosotros mismos, en otras palabras, con todo lo que nos ha sucedido. Y nos preocupamos con lo que nos sucederá. pero en realidad, nunca hemos estado ni estaremos en parte alguna excepto en el ahora. Ésta es una disciplina muy interesante y la encontramos en todos los sistemas de yoga y de meditación budista. Al estudiante se le dice que viva completamente en el presente, que nunca relaje la consciencia de lo que hace en ese instante. Esté aquí. Así que cuando, como solemos hacer, dijéramos que tenemos pensamientos sobre el mañana y el ayer, estaríamos distraídos y nuestra mente no estaría enfocada en el presente. Y sí, así parece que es.

Lo que haremos ahora es tratar de enfocar completamente nuestra atención en el presente. Eso resulta bastante difícil porque no sabernos dónde está el presente. Dicho de otro modo: no reconocemos que ocurra nada hasta que es un recuerdo. Ha tenido que permanecer en nuestra consciencia lo suficiente como para dejar una impresión. Y decimos, bien, al mirar esa mesa (me gustaría encontrar alguna otra cosa que no fueran mesas para ilustrar los ejemplos; todos los conferenciantes siempre hablan de mesas). Al mirar esta pipa, no sé que está aquí hasta que, de una forma u otra, permanece durante un rato. Así que me pregunto: "¿En realidad conozco la pipa presente, o siempre es la del pasado?"

Al seguir practicando este ejercicio se tiene la sensación de que el recuerdo de algo pasado también es un acontecimiento presente. ¿Lo ven? Tenemos la memoria, ya está aquí, y empieza a fastidiarnos, como le ocurría a san Agustín. No podía entender la memoria; lo cierto es que por ella se metió en un callejón sin salida. Porque, verán, la memoria del pasado es algo que está siempre presente. Así que, al final nos damos cuenta de que el ejercicio que realizábamos no tenía sentido, porque no hay ningún otro sitio en el que estar aparte del presente.

Eso era lo que quería conseguir al tratar de que hicieran eso: hacer que se diesen cuenta de que no hay pasado y que tampoco hay futuro. Sólo existe el ahora, y no podemos salir de él. Así que tómenselo con calma, estamos en la eternidad, en el momento. Y fluye, fluye o no fluye; ya conocen el poema de Tennyson: "¿Esa marea de movimiento parece dormir, llena de sonido o espuma?" El inmóvil movimiento. La idea de algo así como acción e inmovilidad yendo juntas. Actividad y paz. El ojo del huracán. Ya ven, en realidad todo es así...

 

Muy bien, pues la base de todo ello es la filosofía de la naturaleza. Y la filosofía de la naturaleza japonesa se basa probablemente en la filosofía de la naturaleza china, y ahí es donde quiero ir a parar para empezar. Sacaré el conejo de la chistera desde el principio y diré que los presupuestos que subyacen a la cultura del Lejano Oriente (y eso incluye también a la India), es que todo el cosmos, el universo entero, es un solo ser.

No es una colección de muchos y diferentes seres, que de alguna manera flotan juntos como restos y desechos desde los confines del espacio, terminando por conformar una cosa llamada universo. Ellos miran al mundo como una eterna actividad, y ése el único ser real que tenemos. Ustedes son el conjunto, sólo que lo que llamamos , como un organismo distinto, es simplemente una manifestación de todo el conjunto. Igual que ocurre con el mar cuando hay oleaje, es todo el mar el que "olea" cuando "olea". Y el mar, cuando "olea", está diciendo: "¡Hola, estoy aquí!" ya ven. Así que cada uno de nosotros es una ola de todo lo que es, de todo el asunto. Y para ellos, en esa cultura, eso no es como algo que sea solamente teoría, no sólo una idea como las que nosotros podamos tener, yo tengo mis ideas, ustedes tienen las suyas; en otras palabras, usted es cristiano de la cienciología, yo soy baptista, o algo así. No, ni tampoco que yo soy republicano y usted es demócrata, y yo soy de extrema derecha y usted es comunista. No se trata de eso; no es una opinión, es un sentimiento.

Y por ello, los grandes, los grandes hombres de esa cultura (no todo el mundo, sino los grandes hombres), los grandes maestros de cualquier área, tienen fundamentalmente ese sentimiento respecto a que lo que somos es lo que siempre fue, es y será, sólo que está jugando al juego llamado, "señor Tocano", o "míster Lee", o "señor Mukadyapa". Se trata de un juego especial, como el juego pez, el juego hierba, el juego bambú, el juego pino; todas ellas son maneras de decir "hola". Todo está como danzando, sólo que lo hace según la naturaleza de la danza. El universo es fundamentalmente todas esas danzas, tanto humana como pez, pájaro, nube, cielo, estrella, etc., y fundamentalmente todas son una misma danza. O danzarín. Sólo en chino no se distingue entre el sujeto y el verbo; quiero decir que no se distinguen el sustantivo del verbo de la misma forma que hacemos nosotros. Un sustantivo puede convertirse en verbo, y un verbo en sustantivo. Pero así es como funciona.

En esa cultura, una persona civilizada, con cultura, y por encima de todo, una persona iluminada, es alguien que sabe que su, por así decirlo, "personalidad separada", su ego, es una ilusión. Ilusión no quiere decir nada malo, sólo significa un juego, que viene del latín, ludere, y que nosotros convertimos en ilusión. Ludere quiere decir "jugar". Entonces, la palabra sánscrita maya, que significa ilusión, también quiere decir mágico, habilidad, arte, y esa concepción sánscrita es la que llegó a China y Japón con la transmisión del budismo.

El mundo como maya, o, como a veces se le llama en sánscrito, lila, juego. Así, todas las manifestaciones individuales son juegos, danzas, sinfonías, formas musicales que se manifiestan para conformar el espectáculo al completo. Y cada uno es básicamente el espectáculo al completo, y ése es el sentimiento fundamental.