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Artículos Advaita - Steve Taylor

Satsang ― El Poder de la Presencia Espiritual

por Steve Taylor Publicado originalmente en paradigm shift
Satsang

Las personas iluminadas son como dinamos espirituales; tienen una presencia muy fuerte que afecta a las personas que entran en contacto con ellas, transmitiéndoles algo de su iluminación. Incluso las personas que no son por lo general del todo espirituales sienten una sensación de bienestar en su presencia, y así se sienten atraídos por ellas sin saber por qué. Pero para las personas que ya han hecho algún progreso espiritual, el efecto puede ser muy potente. El contacto con una persona iluminada puede permitirles dar el salto definitivo hacía la iluminación permanente de sí mismos.

Esta es una de las razones por las que muchas tradiciones espirituales ponen tanto énfasis en el papel del gurú. El gurú es tan importante no sólo por el consejo y la orientación que te puede dar, sino porque puede transmitirte su poder espiritual, dándote un sabor de la iluminación y acelerando tu desarrollo espiritual. (En sánscrito, a esto se le llama satsang, literalmente estar en buena compañía.)

El autor del siglo 20 y maestro espiritual Paul Brunton se dio cuenta de esto cuando visitó el ashram del gran sabio Ramana Maharishi, mientras viajaba por la India en busca de la sabiduría espiritual (como se describe en su libro La India Secreta). Brunton se dio cuenta de que Ramana era un hombre verdaderamente iluminado la primera vez que le conoció, alguien que había trascendido por completo su ego y se había convertido en uno con la realidad última. Él sintió el efecto espiritual de su satsang enseguida. Sintió que una corriente constante de quietud parecía estar fluyendo cerca de mí, que una gran paz penetraba en los confines internos de mi ser. Mientras estaba sentado cerca de él, se daba cuenta de que su mente se estaba volviendo cada vez más silenciosa, y de repente todas las preguntas intelectuales que había tenido acerca de temas espirituales ya no parecían importantes. La única pregunta en su cabeza ahora era ¿Este hombre, el Maharshi, emana el perfume de la paz espiritual como la flor emana la fragancia de sus pétalos?

Al final de su primera visita al Ashram, Brunton se encontraba en la sala con Ramana y algunos de sus discípulos, sentados en silencio mientras el sabio se deslizaba en un trance sagrado. Él sentía una sensación de asombro creciendo en su interior, como si una fuerza poderosa comenzara a llenar la sala, que emanaba de Ramana. En su estado como de trance, Ramana le mira, y Brunton siente que él está mirando profundamente en su ser, y que es consciente de cada uno de sus pensamientos y sentimientos. Siente que una corriente telepática está pasando entre ellos, que Ramana le está transmitiendo su profunda serenidad, y comienza a sentir una sensación de euforia y ligereza. Él siente que su propio ser se vuelve uno con Ramana, y que ha ido más allá de todos los problemas y todos los deseos. Los discípulos del sabio salen de la sala, dejando a Brunton a solas con él, y por un momento siente que su cuerpo desaparece y él y el sabio están ambos en el espacio ― pero entonces él comete un error fatal. Duda, preguntándose si debería abandonarse a la experiencia, y el hechizo se rompe.

Después de esto, Brunton reanuda sus viajes por la India, conociendo a magos, hacedores de milagros y gurús autoproclamados que están menos iluminados de lo que dicen, y finalmente regresa al ashram del Maharshi. Una vez más, experimenta una tranquilidad inefable cuando está sentado cerca de él, y de nuevo experimenta revelaciones que él está seguro no son otra cosa que una onda expansiva de radiación telepática de este hombre misterioso e imperturbable. Y, finalmente, después de un período de lucha con sus propios pensamientos y su intelecto, tiene una experiencia de iluminación genuina que lo cambia para siempre:

"Me encontré en el borde de la consciencia del mundo. El planeta que hasta ahora me había albergado desapareció. Estoy en medio de un océano de luz resplandeciente. Esto último, es un sentir más que un pensar, es la materia primigenia de la que se crean los mundos, el primer estado de la materia. Se extiende hacia el espacio infinito indecible, increíblemente vivo."

El maestro espiritual estadounidense Andrew Cohen tuvo una experiencia similar cuando conoció por primera vez al maestro hindú que se convirtió en su gurú, H.W.L. Poonja ― que era, casualmente (¡o tal vez no!) discípulo directo de Ramana. Cohen había tenido profundas experiencias espirituales antes, pero había pasado muchos años sintiéndose frustrado y desilusionado, anhelando la liberación espiritual, pero decepcionado por una serie de otros maestros. Pero poco después de conocer a Poonja, cuando el maestro le dijo: No tienes que hacer ningún esfuerzo para ser libre, él experimentado la iluminación:

"Sus palabras penetraron profundamente, me giré y miré hacia el patio fuera de su habitación y dentro de mí todo lo que vi era un río ― en ese instante me di cuenta de que siempre había sido libre. Vi claramente que nunca podría haber sido otra cosa que Libre y que cualquier idea o concepto de esclavitud siempre había sido y sólo podría ser completamente ilusorio."

Después de esto, Cohen pasó tres semanas con Poonja, y se entregó a su maestro, permitió que fuera uno con él, renunciando a su propia identidad y todo lo que componía su vida. Empezó a experimentar olas de felicidad y amor que a veces eran tan fuertes que sentía que mi cuerpo no sería capaz de contenerlas. Y a partir de ese momento, aunque su euforia inicial se desvaneció un poco, tenía una sensación constante de estar siempre en el presente con mucha alegría y calma. No siento ningún deseo de nada más que lo que ES.

Y ahora que él mismo había alcanzado moksha, Cohen obtuvo la capacidad de afectar a otras personas de la misma manera que Poonja le había afectado a él. Mi esposa y yo fuimos a una de las charlas de Andrew hace varios años en Manchester, Inglaterra, y en los días siguientes mi esposa Pam se sentía como una persona diferente. Tenía una sensación de libertad en su interior, una sensación de que ―en sus palabras― nada importaba, que no tenía ningún problema. No quería nada porque era feliz porque yo era. Mi vida era bastante estresante en ese punto, pero de repente ningún estrés podía afectarme. Y ella estaba segura de que esto no era tanto por lo que en realidad había dicho Andrew sino por el efecto del simple hecho de estar allí, en su presencia.

Yo estaba un poco celoso porque no tenía ninguno de esos sentimientos ― en ese momento tenía un enfoque más intelectual de los asuntos espirituales, y estaba tan ocupado tratando de entender conceptualmente lo que estaba diciendo Andrew que debería estar cerrado a la dimensión sentimental. Un par de años antes de eso, yo había empezado a visitar a un maestro espiritual llamado Russell Williams, y también tenía en gran medida un enfoque conceptual de sus enseñanzas. Russell ―que ahora aún voy a verle― tiene 82 años, y ha sido el presidente de la Sociedad Budista de Manchester durante más de 50 años, a pesar de que no es específicamente un budista. Él no canta o medita o lee las escrituras budistas, y no se adhiere o promociona ningún conjunto particular de enseñanzas. Es un hombre auto-realizado humilde, que habla de las más profundas verdades espirituales y los más intensos estados espirituales como si fueran las cosas más simples y naturales. En mis primeros años de asistencia a las reuniones de Russell durante dos veces por semana, solía preguntarme por qué la mayoría de la gente no parecía estar prestando atención a lo que estaba diciendo. Él estaba diciendo algunas de las cosas más profundas que jamás había oído y la gente no parecía estar escuchando ― estaban como mirando al vacío, o sentados con los ojos cerrados. Rara vez ellos le hacían preguntas, pareciendo estar contentos con el silencio de Russell, cuando en lo que a mí respecta estaba lleno de sabiduría que quería que compartiera.

Sin embargo, hace unos tres años empecé a comprender por qué esto era así. Tal vez yo había cambiado, cada vez estaba menos interesado en el aspecto conceptual de la espiritualidad, o tal vez finalmente había terminado un largo proceso de estar en sintonía con el ambiente en las reuniones, pero cuando fui a ver a Russell empecé a experimentar estados de consciencia placenteros muy extraños. Incluso cuando estaba teniendo un enfoque conceptual, a menudo experimentaba sensaciones de tranquilidad y bienestar, que a veces se prolongaban durante un par de días después. Pero esto era algo más fuerte. La primera vez que sucedió, estaba mirando a Russell mientras él me hablaba, y comencé a sentirme muy relajado y tranquilo, como si el flujo de las energías vitales se volviera más suave y más ligero. Y entonces, de repente, todo se volvió poco familiar ― la luz se hizo más brillante, los colores comenzaron a fusionarse y las distinciones entre las personas y los objetos comenzaron a desvanecerse. Mi sensación principal, sin embargo, era de una poderosa sensación de extrañeza ― la escena era completamente ajena, como si hubiera aterrizado en otro planeta. A pesar de que estaba acompañada de una sensación de euforia, tenía un poco de miedo y me alejé de ella.

Durante los siguientes meses tuve de nuevo la misma experiencia varias veces, y he aprendido a relajarme y confiar en ella. Dejo que la sensación de extrañeza me supere, y cuando la luz de la habitación se hace más brillante, todos los objetos comienzan a brillar y a fusionarse entre sí. La luz parecía fluir y sumergir todo en su resplandor. La habitación estaba llena de esta hermosa bruma brillante de luz dorada, y yo estaba lleno de una profunda serenidad, y una sensación de bienestar llenaba todo mi cuerpo. Podía sentirlo en mis piernas y mis pies, como si hubiera tomado un sedante de algún tipo. Y aun cuando no tuviera esta experiencia en particular en las reuniones, por lo general tenía una poderosa sensación de calma y serenidad dentro de mí. Era consciente de que a menudo mi respiración se ralentizaba de manera espectacular, y cuando me marchaba me encontraba haciendo todo muy lentamente, con una total atención natural. Mi mente estaba quieta y en silencio, y fuera todo se veía hermoso y vivo.

Al cabo de unos meses estaba hablando con uno de los miembros del grupo, y le dije, he tenido experiencias realmente muy extrañas aquí durante los últimos meses. Traté de describirlas, y él se rió y dijo, ¡Así que ahora sabes por qué todos hemos estado viniendo aquí durante tanto tiempo! Ahora eres realmente un miembro de la sociedad.

Todavía tengo estas experiencias ahora, y estoy seguro de que son el resultado del satsang, de estar en presencia de una persona iluminada. La experiencia de la escena que se vuelve poco familiar y la luz que se hace más brillante por lo general sólo ocurren cuando Russell está hablándome directamente a mí. En estos momentos casi puedo sentir el poder espiritual que irradia de él y que fluye dentro de mí, siento que mi propia energía vital es afectada por la suya.

La gran pregunta es: ¿por qué las personas iluminadas tienen esta extraña habilidad para generar experiencias espirituales en otros, este poder de transmitir su iluminación a todo el mundo que les rodea?

Las experiencias espirituales inducidas por los satsangs sugieren fuertemente que el concepto esotérico del aura tiene una base real. Sugieren que nuestro ser o energía vital no se limita sólo a nuestra propia mente o cuerpo ― sino que irradia hacia fuera de nosotros, creando una atmósfera (o aura) que puede afectar a las personas que entran en contacto con ella. Las auras de la mayoría de la gente no parecen ser particularmente fuertes, o al menos no tienen particularmente fuertes cualidades negativas o positivas, por lo que usualmente no sentimos nada palpable de ellas. Pero todos hemos conocido a ciertas personas que instintivamente rechazamos, que incluso no podríamos intercambiar ni una palabra con ellas porque nos llenan de una sensación de incomodidad o incluso de miedo o terror. Estas son las personas que tienen un aura "mala" fuerte alrededor de ellas, tal vez porque su energía vital está muy envenenada con las emociones negativas y el egoísmo. Pero con las personas iluminadas, por supuesto, ocurre exactamente lo contrario. Su energía vital está tan intensificada y calmada, y tiene esas cualidades positivas poderosas, que transmiten ondas de calma y felicidad a todo el mundo que les rodea.

Pero las experiencias espirituales son más que sensaciones ― son también experiencias de visión, percepción profunda y revelación. Y uno de los aspectos más importantes de las experiencias de satsang, creo, es que demuestran que la iluminación espiritual también es comunicable. Las sensaciones de felicidad, sin duda pueden propagarse de una persona a otra ― pero también la visión de la unidad del universo, la conciencia de que la realidad esencial del universo es un océano ilimitado del Espíritu y la experiencia de trascender el ego y de renacer como un Yo más profundo y más elevado. Estas experiencias son completamente transferibles ― bajo las circunstancias adecuadas, pueden pasarse de una persona iluminada a otras sin ninguna pérdida de intensidad.

Y esto, a su vez, tiene una influencia importante en el concepto del despertar espiritual colectivo. Ahora es casi un cliché afirmar que la raza humana en su conjunto puede estar en el umbral de un salto evolutivo, un cambio colectivo a un nivel superior de consciencia que dará lugar a una nueva era de verdadera espiritualidad y armonía. Muchas personas encuentran esta idea descabellada ―es comprensible cuando nos fijamos en el estado actual del mundo― pero las experiencias de satsang nos muestran un proceso por el cual podría ocurrir esta transformación. Nos muestran que la iluminación es muy contagiosa. Y después de todo, no es seguro que sólo los individuos completamente iluminados afecten a las personas de su entorno. Cualquiera que haya alcanzado un cierto grado de desarrollo espiritual tendrá algún poder de afectar a la gente a su alrededor. Y así es posible que una especie de ciclo positivo pudiera tener lugar ― puesto que al haber más personas que se desarrollan espiritualmente, transmitirán su visión y bienestar a las personas de su entorno, que a su vez transmitirán su espiritualidad a la gente alrededor de ellas, y así sucesivamente. Es posible que una vez que se alcance un cierto umbral crítico ―que un cierto número de personas se haya iluminado, o que el poder espiritual colectivo de la raza humana se haya acumulado hasta cierto grado― una gran ola de iluminación espiritual se extenderá a través del mundo como un incendio forestal; un proceso de transmisión espiritual que incremente el poder y la intensidad, y finalmente, conduzca a un punto Omega de cambio permanente.

Esto todavía puede sonar como una ilusión ― pero por otra parte, la experiencia de Satsang en sí es milagrosa, demostrando que nuestra aparente individualidad es una ilusión, y que somos parte de un océano indivisible de consciencia.