Ruta de Sección: Inicio > Ensayos > Prakriya 3 - Yo soy la consciencia

Artículos Advaita - Ananda Wood (2003)

La Enseñanza de Sri Atmananda Krishna Menon

Prakriya 3 - Yo soy la consciencia

por Ananda Wood publicado en Advaita Vision
Ananda Wood

El análisis de los tres estados es sólo un prakriya. Es sólo una forma de investigar la verdad. Se inicia con tres declaraciones ordinarias: "yo estoy despierto"; "yo he soñado"; "yo he dormido profundamente, sin aparecer sueños". Todas estas afirmaciones comienzan con la palabra "yo". ¿Qué es ese "yo" común, que está implícito en nuestras experiencias de vigilia, dormir y soñar? Se trata de una implicación que hacemos a menudo. Pero, ¿qué significa? ¿Qué hay de cierto en ello? Eso es lo que este prakriya investiga, mientras examina los tres estados.

Para algunos que están intelectualmente orientados, puede haber un problema con este prakriya de los tres estados, cuando llegan al sueño profundo. El problema es que el sueño profundo puede parecer distante e inaccesible a la mente despierta que lo examina. Así que algunos prefieren investigar el estado de vigilia, buscando reflexivamente una verdad subyacente que exprese nuestras percepciones e interpretaciones de la vigilia. Eso da lugar a un prakriya diferente, que procede a través de tres niveles de conocimiento.

Los tres niveles son los del cuerpo, la mente y la consciencia. Corresponden, por supuesto, a la vigilia, el sueño y el sueño profundo. En lugar de reflexionar desde el estado de vigilia a través de los sueños hasta el sueño profundo, esta segunda prakriya reflexiona desde el cuerpo que percibe a través de la mente que concibe hasta la consciencia que conoce.

¿Qué es esa consciencia, que se expresa en cada acto vivo de la mente y el cuerpo? Es el conocimiento de ese sí mismo (self) que está siempre presente, en toda experiencia. Eso es lo que el sí mismo realmente es, en cada uno de nosotros, por debajo de nuestras diferentes personalidades. Es ese sí mismo, que no se separa de nadie, ni siquiera por un momento. Su conocimiento no es ningún acto físico o mental, que el sí mismo comience a hacer en algún momento y lo deje de hacer más adelante. La consciencia no es un acto que me pongo y luego me lo quito. Sino que es la mismísima seidad del sí mismo, exactamente lo que el sí mismo siempre es.

En verdad, el sí mismo es consciencia, cuyo propio ser es conocer. Se conoce a sí mismo, brillando con su propia luz. Todas las apariencias son conocidas por el reflejo de su propia iluminación. Sólo las conocemos cuando entran en el campo de la atención, cuando son iluminadas por la consciencia. Pero entonces, ¿cómo puede conocerse esa consciencia?

La consciencia no es un objeto que se conoce. Sino que ella es la que conoce. Es por lo tanto conocida por identidad, como nuestro propio sí mismo, mediante la realización de nuestra verdadera identidad con ella. Esa es la única forma en que puede ser conocida.

Debido a un hábito arraigado, pensamos en la consciencia como una actividad del cuerpo, de los sentidos y de la mente. De ahí que lo que tomamos por consciencia parece confundirse con una gran complejidad de acciones físicas, sensuales y mentales.

En cada uno de nosotros, la consciencia se experimenta realmente en singular, como nuestro propio sí mismo. Pero cuando una persona mira a través de la mente y el cuerpo, a un mundo que parece estar fuera, ahí parece que la consciencia es diferente y cambiante ― en diferentes personas, diferentes criaturas y sus diversas facultades. O, si una persona mira a través de la mente solamente, en el proceso mental de concepción, entonces parece que la consciencia se compone de una secuencia sucesiva de percepciones, pensamientos y sentimientos.

Por lo tanto, en sí misma, la consciencia es muy distinta de las apariencias diferentes y cambiantes que habitualmente confundimos con ella. Cuando es experimentada directamente, en el centro más íntimo de la experiencia de cada individuo, es el sí mismo puro ― totalmente impersonal e imparcial, más allá de toda diferencia y cambio. Esa es la más íntima e innegable experiencia que tenemos en común en lo profundo de cada uno de nosotros. Sin embargo, de manera extraña, esa innegable experiencia es ignorada y de alguna manera encubierta, por la gran mayoría de personas en el mundo.

Es ignorada debido a la confusión que mezcla el sí mismo con el cuerpo, los sentidos y la mente. Porque esto produce una apariencia equivocada de acciones físicas, sensuales y mentales, que son engañosamente confundidas con la luz clara e inafectada de la consciencia. Como la gente se identifica con los diferentes cuerpos y mentes cambiantes, se confunden a sí mismos como jivas o personas ― que son mezclas dispares e inciertas, compuestas por el conocimiento del sí mismo confundido con objetos conocidos incorrectamente.

Estas personas toman por ignorancia una posición ficticia, en un terreno dividido e incierto, construido artificialmente de cosas extrañas. En consecuencia, las experiencias parecen parciales y aparecen divididas por nuestras personalidades, mientras que la gente entra infelizmente en conflicto con sus yoes aparentes.

Pero donde la confusión cesa, como en el sueño profundo o en momentos de claridad imparcial, ahí la personalidad se disuelve y el sí mismo solo predomina, brillando por sí mismo como felicidad y paz. Por lo tanto, la felicidad pura y la paz inafectada pueden verse brillar en el sueño profundo, como aspectos manifestados de la verdadera naturaleza del sí mismo.

Una vez más, podría ayudar el preguntar brevemente cómo se relacionan estas enseñanzas con las escrituras tradicionales Advaita. De vez en cuando, Sri Atmananda decía que el vichara marga podría ser caracterizado por un solo aforismo: "Prajnyanam asmi" o "yo soy consciencia". Una de estas ocasiones es relatada por Nitya Tripta:

El camino del pensamiento-yo (Notes on Spiritual Discourses of Sri Atmananda, nota 601)

"El hombre ordinario está fuertemente imbuido del samskara de que él es el cuerpo y de que es muy, muy insignificante, comparado con el vasto universo. Por lo tanto el único error posible al que es probable que te veas abocado cuando adoptas el pensamiento-yo, es el samskara habitual de la pequeñez atribuida al yo.

Este error es trascendido mediante la contemplación del aforismo "Aham brahmasmi". Brahman es la más grande concepción imaginable por la mente humana. La concepción de grandeza elimina sin duda la idea de pequeñez. Pero la idea de grandeza, que también es una limitación, permanece.

En última instancia, esta idea de grandeza también tiene que ser eliminada mediante la contemplación de otro aforismo: "Prajnyanam asmi" (Yo soy Conciencia). La Conciencia nunca puede ser considerada ni grande ni pequeña. Así eres elevado automáticamente más allá de todos los opuestos." (1)

Sri Atmananda está diciendo aquí que el mahavakya "Aham brahmasmi" no acaba de llegar al extremo de la no-dualidad. Deja un samskara de "grandeza", que tiene que ser eliminado mediante más contemplación. En cierto modo, lo mismo puede verse implícito en un esquema clásico de cuatro mahavakyas que se suceden uno tras otro. Aquí hay una interpretación del esquema:

  1. "Tat tvam asi" o "Tú eres eso". Esto representa la guía de un maestro vivo, esencial para que las meras palabras y símbolos se hagan realidad, a fin de que un discípulo pueda llegar a la verdad viviente.
  2. "Aham brahmasmi" o "Yo soy la realidad completa". Esto amplía la estrechez del ego, en preparación para una realización no-dual que debe ser fruto de un conocimiento por identidad.
  3. "Ayam Atma Brahma" o "Este sí mismo (self) es toda la realidad". Aquí, se dice lo mismo que en el mahavakya anterior, pero de una manera que es impersonal, utilizando la frase "este sí mismo" en lugar de la palabra "yo". Porque el "yo" todavía puede tener un sentido personal en él ― incluso después de la ampliación de las insignificantes consideraciones del ego.
  4. "Prajnyanam brahma" o "La consciencia es todo lo que hay". Este último establece la verdadera naturaleza del sí mismo, conocida puramente por identidad, como la consciencia que es idéntica con todo lo que es conocido.

Esta es, por supuesto, sólo una de las muchas interpretaciones, uno de los muchos esquemas de mahavakyas. Sólo pretende ser un ejemplo de cómo las escrituras pueden estar relacionadas con el vichara marga.

Otro ejemplo puede encontrarse en el Aitareya Upanishad, capítulo 3, que describe específicamente al sí mismo como "prajnyanam" o "consciencia". Es en este capítulo donde encontramos el aforismo: "Prajnyanam brahma". Aquí sigue una traducción bastante libre:

¿Qué es lo que contemplamos como "sí mismo"?

¿Qué es el sí mismo?

¿Eso por lo que uno ve, o eso por lo que uno oye,
o eso por lo que los olores son olidos,
o eso por lo que el habla es articulada,
o eso por lo que el sabor y la insipidez se distinguen?

¿O eso que es esta mente y este corazón:
percepción, dirección, discernimiento, consciencia,
aprendizaje, visión, constancia, pensamiento, consideración,
motivo, memoria, imaginación,
propósito, vida, deseo, vitalidad?

Todos estos sólo son nombres atribuidos a la consciencia. (3.1.1-2)

Este es brahman, abarcando toda la realidad.
Este es Indra, jefe de los dioses.
Este es el creador, el Señor Prajapati;
todos los dioses; y todos estos cinco elementos
llamados "tierra", "aire", "éter", "aguas", "luces";

y estos complejos aparentes de cosas diminutas,
y varias semillas de diferentes tipos;

y las criaturas nacidas de huevos y las nacidas del útero,
y las nacidas del calor y la humedad,
y las nacidas de los brotes;

caballos, ganado, seres humanos, elefantes,
y cualquier cosa viviente, que se mueve y vuela;
y la que permanece en el lugar.

Todo lo que es visto y guiado por la consciencia,
y es establecido en la consciencia.
El mundo es visto y guiado por la consciencia.
La consciencia es el fundamento.

La consciencia es todo lo que hay. (3.1.3)

Por este sí mismo, como consciencia,
él asciende de este mundo;
y, consigue todos los deseos
en ese lugar de luz,
devino inmortal, eso devino. (3.1.4)

3a. Las apariencias y la consciencia

Cuando una persona intenta pensar en la consciencia misma, sin ningún contenido visto en ella, eso deja perplejo al "yo". La perplejidad da lugar a más preguntas.

En primer lugar, ¿cuáles son los contenidos vistos en la consciencia? Vistos a través del cuerpo, los contenidos son objetos, en un mundo de cosas corpóreas. A través de los sentidos del cuerpo, los contenidos son sensaciones, procedentes del mundo. A través de la mente, los contenidos son pensamientos y sentimientos, que la mente concibe.

Estos contenidos físicos, sensoriales y mentales son vistos indirectamente, cuando la consciencia mira a través de las facultades de la mente y del cuerpo que son diferentes de sí misma. Pero entonces, ¿qué contenido es percibido directamente, cuando la consciencia se ve a sí misma? Cuando la consciencia se ilumina a sí misma, ¿qué conoce inmediatamente, mediante su luz auto-consciente? ¿Cuál es su propio contenido?

Sin duda, el contenido inmediato no puede ser algo diferente de sí misma. Ese contenido inmediato debe ser la consciencia misma. Interpretado de esta manera, es bastante correcto decir que no puede haber ninguna consciencia carente de contenido. Porque la consciencia está siempre presente para sí misma. Su contenido inmediato es ella misma, en todas las experiencias. En la experiencia del sueño profundo, no hay contenidos físicos ni sensoriales ni mentales. Ningún contenido hay ahí que sea visto indirectamente, a través del cuerpo, los sentidos o la mente.

Pero, ¿qué pasa con el conocimiento directo de la consciencia, cuando se ilumina a sí misma? ¿Puede la consciencia estar presente para sí misma, en ausencia del cuerpo, los sentidos y la mente? Habitualmente, se supone que la consciencia es una actividad física o sensorial o mental. Y entonces, por supuesto, parece que la consciencia no puede ser independiente del cuerpo, los sentidos o la mente. Parece entonces que la consciencia no puede estar presente en el sueño profundo, cuando el cuerpo, los sentidos y la mente están ausentes.

Reconoces que las actividades físicas, sensoriales y mentales son sólo apariencias, que van y vienen en la consciencia. Pero cuando todas estas apariencias que salen a la luz se han ido, ¿qué es lo que queda? Cuando el cuerpo, los sentidos y la mente y todas sus percepciones, pensamientos y sentimientos desaparecen, ¿en qué se disuelven estas apariencias?

Cuando se disuelven, no hay sentidos que perciban la presencia o ausencia de objetos sensoriales. Tampoco hay una mente que perciba o piense o sienta la presencia o la ausencia de percepciones, pensamientos y sentimientos. Por lo tanto, si se dice que estas apariencias del mundo y la mente se disuelven en una ausencia en blanco o vacía, ¿qué sentido podría tener eso?

Entonces, ¿cómo podríamos describir algún estado de experiencia, como el sueño profundo, donde todas las apariencias de la mente y el mundo han desaparecido? Si lo describimos en nuestra forma habitual, como una simple "ausencia" en blanco o vacía, estamos confusos. En esta descripción, estamos asumiendo inherentemente la presencia de algún sentimiento, pensamiento o percepción que es llevado a experimentar una ausencia de todo sentimiento, pensamiento y percepción.

Hay una contradicción aquí. Estamos admitiendo que alguna actividad mental o sensorial (de un sentimiento, pensamiento o percepción) está presente, a fin de experimentar la ausencia total de toda esa actividad. Se asume que alguna actividad mental o sensorial está aquí presente durante su propia ausencia. Esta descripción lógicamente se excluye a sí misma. Y así nos muestra sólo una confusión de un pensamiento erróneo, que necesitamos de alguna manera eliminar.

La confusión es que algunos actos aparentes (de la mente y los sentidos) se asume aquí que experimentan su propia disolución y por tanto su propia ausencia.

¿No sería más claro observar que cuando se disuelven las apariencias, su disolución debe ser presenciada por una presencia consciente que permanece cuando están ausentes? ¿Y qué otra cosa podría ser esa presencia sino la propia consciencia? ¿No podría ser que la consciencia cuyo contenido más íntimo permanece sin cambios, como nada más que luz consciente, de modo que permanece brillando sola cuando todas las apariencias se han ido?

¿Por qué no debería permanecer la consciencia misma, presente a sí misma, cuando su contenido transitorio desaparece? Si la conciencia puede así permanecer, eso demuestra que es independiente del cuerpo, los sentidos y la mente. Sin ella, ninguna de ellos puede aparecer; así que cada uno depende de ella.

Cada cuerpo, sentido o mente depende de una consciencia subyacente que cada uno de ellos expresa. Pero (la consciencia) no depende de ellos. En otras palabras, son apariencias dependientes de su realidad. En lo que realmente son, cada una de estas apariencias es absolutamente idéntica a la consciencia. Es su única realidad, que cada una muestra y que muestran juntas. Cuando aparecen y desaparecen, parece que están limitadas por el tiempo y el espacio. Cada una parece estar presente en alguna ubicación limitada y ausente en otra parte.

Pero esta limitación es irreal. No se aplica a la consciencia misma, que muestra la realidad. Porque la consciencia es el principio común de toda experiencia, presente en todo momento y en todas partes, no importa cuál sea la experiencia conocida, no importa cuándo ni dónde.

Así que la consciencia no puede aparecer o desaparecer. Su aparición requeriría una experiencia previa donde la consciencia estuviera ausente. Del mismo modo, su desaparición requeriría una experiencia posterior sin consciencia. Tal "experiencia sin consciencia" es una contradicción en los términos ― una falsedad de ficción que ha sido engañosamente construida por la mente. Así, mientras que las apariencias son percibidas por el cuerpo, los sentidos y la mente, sus limitaciones aparentes no son aplicables a la consciencia, su única realidad.

Las limitaciones son una percepción errónea, vistas a través de la información inadecuada y parcial del cuerpo, los sentidos y la mente. Estas limitaciones irreales hacen que parezca que hay apariencias que desaparecen. Pero mientras que ellas parecen ir y venir, lo que son es la consciencia misma. Es su realidad ilimitada la que permanece totalmente presente a través de cada una de sus apariciones y desapariciones.

Esa es una posición clásica del Advaita, que ha sido inequívocamente seguida por intérpretes modernos como Ramana Maharshi y Sri Atmananda. Desde esa posición, el sueño profundo se interpreta como una experiencia donde se muestra la consciencia como su propio contenido. El sueño profundo muestra la consciencia idéntica con lo que contiene, con lo que se conoce en ella. Lo que se revela ahí no es consciencia sin contenido, sino la consciencia misma.

Aquí surge otra cuestión. Si la consciencia es independiente de nuestros cuerpos limitados, nuestros sentidos limitados y nuestras mentes limitadas, entonces ¿cómo podemos realmente conocerla, por lo que es? En las enseñanzas de Sri Atmananda, la pregunta es contestada con una simple declaración: "Yo soy la consciencia".

Esta declaración es fundamental para el enfoque de Sri Atmananda. Es el centro de investigación de la enseñanza. Cuando se dice: "Yo soy la consciencia", la declaración indica un conocimiento por identidad. Así es como se conoce la consciencia. Es conocida por el auto-conocimiento, como la verdadera identidad propia de cada uno. Es solamente ahí que el sujeto y el objeto se disuelven, incluyendo cualquier "yo" desconcertado o investigado o cualquier meta a alcanzar.

Según Sri Atmananda, la declaración "Todo es consciencia" no va lo suficientemente lejos. Deja una sombra de mente expandida, que intuye el "todo". El contenido de la consciencia aún se percibe indirectamente, como un objeto extenso y nebuloso. Queda por tanto sin examinar una intuición ampliada, que subrepticiamente se supone está haciendo la percepción. Queda entonces una indagación final, para encontrar que la consciencia es idéntica al sí mismo (self). Hasta que no se alcance esa identidad, la dualidad no se disuelve.

Por lo tanto, para Sri Atmananda, la intuición no es una respuesta a las limitaciones del intelecto y la mente. La intuición no es más que una forma más sutil de la mente. La sutileza puede hacerla aún más engañosa, cuando viene a través de ego. La única respuesta correcta viene de la indagación genuina, motivada por el amor a la verdad. Cuando la indagación es auténtica, el amor trae la verdad misma para que se haga cargo de la indagación. Entonces la indagación pasa a través de "vidya-vritti" o "razón superior". Ya no es la mente expresando el ego, sino la verdad misma, que aparece en la forma de preguntas penetrantes y razón discernidora.

En la enseñanza de Sri Atmananda, "Yo soy la consciencia" se conoce por identidad, que es la única experiencia real que cualquiera tiene siempre, en cualquier estado. Todo lo demás no es en realidad experimentado, sino solamente superpuesto por la imaginación engañosa y su falsa pretensión. Ese conocer por identidad es el "conocimiento directo (no objetivo)" del que hablas. Está completamente presente en el sueño profundo, brillando por sí mismo.

Las percepciones, pensamientos y sentimientos de los estados de vigilia y de sueño no son realmente un obstáculo en ningún momento. Ellos no evidencian nada más que la conciencia auto-iluminadora. Todos los actos de percepción, pensamiento y sentimiento son iluminados por esa luz auto-brillante. Cada uno de ellos muestra esa misma luz.

La consciencia nunca está en realidad oscurecida o encubierta, sino que sólo parece estarlo. Cualquier oscuridad o encubrimiento es absolutamente irreal. Es una aparente equivocación, vista a través de una perspectiva falsa. La perspectiva falsa viene de imaginar erróneamente que el conocer es una actividad física o sensual o mental que lleva a cabo el cuerpo, los sentidos o la mente.

Son sólo este tipo de actividades que van y vienen, las que a veces aparecen reveladas y otras veces desaparecen cuando son ocultadas por otras cosas. A través de todas estas actividades, la luz auto-iluminadora de la consciencia sigue conociendo perfectamente, absolutamente despejada y no afectada por la presencia o la ausencia de actividad.

Según Sri Atmananda, "la ignorancia eterna" es un concepto de nivel inferior. Tiene el propósito de explicar el mundo, como en la teoría maya de Sri Shankara. El verdadero Advaita no utiliza esa explicación teórica, sino sólo una indagación en la verdad sin concesiones, por debajo de las irrealidades del aparente mundo.

Para esta indagación, Sri Atmananda tomaba una posición advaita extrema en la que realmente no hay ignorancia, no hay ocultación real de la consciencia ― ni por las apariencias del despertar ni del sueño, ni por su ausencia en el sueño profundo. La consciencia no es verdaderamente oscurecida por las percepciones, pensamientos y sentimientos, ni por su desaparición. Sólo parece oscurecida desde la falsa perspectiva del ego físico o mental, que identifica erróneamente el conocimiento del sí mismo con el cuerpo, los sentidos y la mente, y por eso confunde la consciencia con las actividades físicas, sensuales y mentales.

Es a partir de esta falsa perspectiva que el sueño profundo parece oscuro y vacío ― cuando lo que brilla es la realidad sin concesiones, el verdadero conocimiento y la felicidad inquebrantable.

Todo lo que se necesita es corregir la perspectiva; no para mejorar, ni para evitar las percepciones, pensamientos o sentimientos, ni para evitar lo que se percibe o se piensa o se siente en el mundo. Al final, es la perspectiva la que necesita purificación, no el mundo.

Esa claridad de perspectiva es la labor especial del prakriya testigo, que es el siguiente sub-tema de discusión.